lunes 23 de enero de 2012

Publico el e-book “Víctimas contra la Impunidad” en la Tienda Kindle de Amazon

Dentro de la nueva colección “País Vasco Siglo XXI” que la plataforma informativa Euskadi Información Global ha abierto en la tienda Kindle de Amazon, acabo de publicar el e-book “Víctimas contra la Impunidad”.
Se trata de un ensayo en el que trato de analizar cómo tras el cese definitivo de la violencia anunciado por la banda terrorista ETA, en la sociedad vasca están apareciendo preocupantes indicios de que se está alentando el pasar página, el olvidar nuestra más reciente historia y el recibir con vítores a los asesinos. En este ambiente socio-político, las permanentes reclamaciones de memoria, verdad, justicia y reparación lideradas por la gran mayoría de las víctimas del terrorismo se convierten, de una forma indecente, en peticiones éticamente inaceptables que hablan de perdonar a los asesinos, que apelan a “sumar esfuerzos” entre quienes matan y quienes mueren y que exigen “olvidar” a quienes más han padecido la lacra terrorista.
El e-book “Víctimas contra la Impunidad (País Vasco Siglo XXI)” puede descargarse en Amazon por 0,89 euros.

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miércoles 18 de enero de 2012

Los “adleristas”

Lara Pulver es Irene Adler en "Sherlock"
Seductora, inteligente, endiablada, refinada, falible, sagaz, hábil, manipuladora, pendenciera, ladina, embustera, mordaz, corajuda, depredadora, sutil, incitante y provocadora. Así es Irene Adler, el extraordinario personaje que Arthur Conan Doyle creara como el gran contrapunto del detective literario más famoso del mundo, en su presentación en la segunda temporada de “Sherlock”, la miniserie de la BBC que traslada a la Gran Bretaña del siglo XXI las hazañas del inmortal investigador de Baker Street.
Como ya ocurriera en la primera sesión de esta producción, “Sherlock” vuelve a demostrar una capacidad extraordinaria para trasladar el aire decimonónico de las novelas de Doyle al Londres contemporáneo, así como una destreza sorprendente para encuadrar la esencia holmesiana en la vorágine tecnológica de twits, blogs y redes que caracteriza al 2012.
Protagonizada por Benedict Cumberbatch como Holmes y Martin Freeman como el Doctor Watson, la serie es una relectura fantástica de uno de los grandes mitos del siglo XIX. Además de la elegancia y el respeto con el que la BBC se ha acercado a esta nueva versión del gran clásico de las letras británicas, hay que destacar, como es habitual en esta casa, la magnificencia de una producción exquisita, la sabiduría precisa de un montaje que mezcla con precisión holmesiana los tempos rapidísimos y los momentos de calma en la narración, y unas interpretaciones impecables.
Dicho esto, la gran estrella de esta segunda temporada de “Sherlock” es, sin duda, el personaje de Irene Adler, interpretado excelentemente por la actriz Lara Pulver, que compone una figura emocionalmente desbordante, intelectualmente abrasiva, estéticamente fascinante, éticamente convulsa y artísticamente desbordante.
Irene Adler aparece en pantalla y empequeñece a Holmes (lo que es mucho decir), anula a Watson y expulsa al olvido al resto del elenco que se pasea por las sórdidas calles del Londres mestizo y postindustrial por el que se mueve a sus anchas el equipo de “Sherlock”.
Sabido es que el mundo puede dividirse en tres grandes grupos de personas: los que adoramos incondicionalmente al inolvidable Sherlock Holmes; los que odian y no soportan la pedantería y altanería del detective británico; y, finalmente, los muchos hombres y mujeres que, a lo largo y ancho del globo, aún siguen creyendo que el protagonista de "Estudio en escarlata" fue alguien histórico y real. 
Ahora está a punto de surgir una nueva casta: la de los “adleristas”, que miran con un poco de distancia a Sherlock, que saben que Irene es algo más que el complemento perfecto de Holmes y que poseen la certeza de que si Sherlock representa la racionalidad en boga en el siglo XIX y Watson el cientificismo propio del siglo XX, Irene Adler es el alma trémula, contradictoria, postmoderna, rupturista e intelectualmente emocional del siglo XXI. Es decir, ella, "La Mujer", en palabras de Holmes, somos nosotros.

miércoles 11 de enero de 2012

Y Google-Dios habrá de hacerse hombre...


Hace unos días fue mi cumpleaños. Me levanté a primera hora de la mañana, como siempre, y los primeros que me felicitaron fueron mi mujer, mi hijo y… Google. 
Los años van pasando y, durante unos instantes, solamente pude pensar en cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Hoy, lo más íntimo, la familia más cercana, se confunde extrañamente con ese ámbito público y universal formado por las grandes redes de comunicación, tanto pública como privada, que se gestionan a través de Internet. Y pensé también que si Google me felicita con tanta eficacia quizás también debería tener un rostro, una cara, un cuerpo más o menos físico al que reconocer, en quien confiar, contra el que arremeter o al que seguir.
Recientemente, en dos viajes a Nueva York y Londres, he podido admirar las inmensas tiendas o lugares de encuentro o zonas de ocio electrónico o rincones para la amistad o espacios para el aprendizaje digital, que Apple mantiene en la Quinta Avenida, en Oxford Street o en el barrio de Covern Garden. En estos lugares la marca de Steve Jobs seduce incluso a quienes más críticos somos con ella, cautiva con sus decenas de amables empleados que sutilmente dejan hacer a los cientos de personas que solamente quieren navegar o jugar un poco a través de la Red y embelesa mostrando sus encantos en metros y metros de estanterías, cabeceras, pasillos, mostradores y asientos que transmiten a la perfección los valores de la marca.
Quienes ya no podríamos trabajar, ni comunicarnos, ni acceder a la cultura, ni informarnos sin Google, quienes necesitamos los muchos productos casi siempre gratuitos que nos brinda esta empresa pionera para nuestro quehacer diario, desde el simple buscador a las aplicaciones Android, pasando por Youtube, Picasa, Adsense, Adwords, Gmail, Blogger, Sites, Docs, Earth, Maps y tantos y tantos otros, comenzamos a requerir y a necesitar una referencia física de Google. 
Google, entendido como un ingente y siempre inteligente conglomerado de productos, servicios, aplicaciones y tendencias, es tan importante en nuestras vidas que queremos verlo humanizado en un comercio, en un local, en un lugar de encuentro, en un espacio real, más allá de lo virtual, donde podamos ver cómo respira, cómo palpita, cómo responde y qué aspecto tiene la marca con la que nos levantamos, nos acostamos, laboramos, disfrutamos, navegamos, videochateamos, compartimos, nos comunicamos, nos buscamos y nos identificamos. 
Si, definitivamente, Google es lo más parecido que tenemos a Dios, deberá algún día hacerse humano. O, al menos, presentarnos a sus profetas en algunas iglesi.., en algunas tiendas, quiero decir.

8 razones por las que Google es lo más parecido a Dios...

jueves 15 de diciembre de 2011

El editorial más entrañable de la historia del periodismo

Hace mucho tiempo, el 21 de septiembre de 1897, “The Sun”, un periódico de Nueva York desaparecido en 1950, publicaba la respuesta del diario a una carta enviada al director por una niña de ocho años que respondía al nombre de Virgina O´Hanlon.
La pequeña, que vivía en el 115 Oeste de la calle 95, en el elegante Upper West Side de Manhattan, preguntaba a “The Sun” algo absolutamente elemental y trascendental para alguien de su edad: “Estimado director: Tengo ocho años. Algunos de mis amiguitos dicen que Santa Claus no existe. Mi papá me ha dicho: si lo ves escrito en el Sun, es que existe. Por favor, dígame la verdad; ¿existe Santa Claus?”
Lo que en cualquier redacción del mundo hubiera ido directamente a la basura, se convirtió gracias a la pluma del periodista Francis P. Church, en un artículo editorial inolvidable que, todavía hoy, se sigue publicando, en fechas navideñas, en muchísimos medios informativos del mundo. El veterano reportero, quien había cubierto varias guerras, recibió con desagrado inicial la tarea de dar cumplida respuesta a la carta, tal y como le había encargado el director del periódico, Edward Mitchel. Pero, a pesar de ello, Francis P. Church compuso una auténtica obra maestra, imposible de relegar al polvo del olvido que habitualmente se acumula en las hemerotecas.

jueves 1 de diciembre de 2011

Lo que sé de la entrevista



Un amable estudiante andaluz de periodismo me pregunta de qué personas, de las que he entrevistado a lo largo de mi trabajo como periodista, guardo mejor recuerdo. La verdad es que contestar a este tipo de cuestiones me produce cierto vértigo, sobre todo porque, al echar la vista atrás, te das cuenta, como si de una revelación insospechada se tratara, de las cosas que hemos hecho, de todo lo que deseábamos hacer y no hemos hecho, de lo que hemos hecho y no deseábamos hacer y sí, también de todo lo que hemos hecho y siempre habíamos deseado hacer.

Mi primera entrevista la realice en 1986, para un programa de radio local, al cantautor cubano Silvio Rodríguez. Aunque parezca un mal chiste, me ocurrió lo que siempre les ocurre a los reporteros novatos en las películas norteamericanas: que no ponen cinta en las viejas grabadoras de casete que utilizábamos hace ya demasiados años. Siempre recordaré este encuentro profesional por ser el primero y, sobre todo, por la vergüenza que pasé al abrir la tapa del aparato. Aunque Silvio Rodríguez fue muy amable con el cronista imberbe que yo era.

Guardo estupendos recuerdos de gratas conversaciones, y en ocasiones muy largas, con el antropólogo y etnógrafo Julio Caro Baroja (1914-1995), por su exquisita educación, su suave ironía y sus conocimientos enciclopédicos. También recuerdo coloquios muy interesantes, chispeantes y sumamente esclarecedores con el criminólogo Antonio Beristain, reciente y tristemente fallecido, o con filósofos y profesores brillantes como Fernando Savater, Aurelio Arteta o Javier Echeverria.

Ana María Matute me sorprendió por su dulzura, el actor Adolfo Marsillach por su capacidad para la crítica acerada, el etólogo Jordi Sabater Pi (1922-2009) por su pasión a la hora de hablar de los chimpancés a los que tan bien conocía y el escultor Agustín Ibarrola por ser, desde cualquier punto de vista, un artista genial encerrado en un hombre bueno.

También recuerdo entrevistas muy amenas con Pedro J. Ramírez, apenas unos meses antes de que pusiera en marcha “El Mundo”; con José Luis López Aranguren (1909-1996), otro sabio renacentista; con Antoni Muntadas, un auténtico precursor de los modernos montajes expositivos; con el escultor Eduardo Chillida, que se enfadó conmigo porque le dije que no me gustaban las obras del creador alemán Joseph Beuys; y con J. J. Benítez, que tiene una capacidad extraordinaria para la narración y para creerse, sin pestañear, todo lo que cuenta sobre fenómenos paranormales y ufología.

La mejor entrevista que he hecho vía email ha sido, creo, una que hice a Miquel Barceló, profesor universitario, experto tecnólogo, editor y, sin duda, uno de los grandes especialistas mundiales en ciencia-ficción.

La entrevista más extraña: la que le hice a un profesor senegalés, cuyo nombre no recuerdo, pero que era experto en climatología: yo, entonces, apenas hablaba inglés, él no hablaba castellano y ambos nos entendimos en un francés que apenas comprendíamos.

La entrevista más extravagante: a un reputado masajista que me hablaba, con total seguridad, de los dos extraterrestres, invisibles, que tenía siempre a sus espaldas.

La más inquietante: a una desconocida y ya fallecida echadora de cartas, muy conocida en determinados ámbitos socio-políticos, que me quiso leer el futuro. No se lo permití: cuando me miró a los ojos comprendí que podía acertar.

Después de más de veinte años trabajando en prensa, a veces todavía me pregunto qué es lo que sé sobre ese género extraño, brillante, a veces tramposo y siempre interesante, que es la entrevista. Pienso que son tres las claves de una buena entrevista: primero, informarse en profundidad sobre el entrevistado; segundo, escuchar con atención (sin escucharnos a nosotros mismos) lo que éste nos dice; tercero, prestar una atención especial a los silencios del entrevistado.