jueves, 19 de enero de 2006

El límite de la ley (anti-tabaco)

La reciente entrada en vigor de la Ley Antitabaco ha enfadado mucho a algunos fumadores pero, en general, la puesta en marcha de cualquier normativa, por muy necesaria que ésta sea, siempre incomoda mucho a quienes piensan que el Estado tiene que limitarse a asistir y no a prohibir y que los ciudadanos siempre tienen derechos, pero nunca obligaciones.

Pues bien, uno de los argumentos más empleados por los fanáticos del humo es el que señala que más allá de que el fumar sea bueno o malo, lo que no se puede permitir -dicen- es que el Estado, a través del Gobierno de turno, dicte algunas normas que deban cumplirse en espacios privados como pueden ser oficinas, fábricas, lugares de ocio etc. Como decía en televisión una señora muy indignada: “Cada uno en su casa hace lo que le da la gana”.
Lamentablemente, no es así, señora. A todas estas personas hay que recordarles que, efectivamente, el Estado tiene potestad, y está muy bien que así sea, para que determinadas cuestiones, que atañen a los derechos fundamentales de las personas, deban ser cumplidas siempre, independientemente del espacio y del tiempo de su aplicación. Por ejemplo, y por mucho que se trate de espacios privados, nadie puede asesinar a otra persona en su casa, ningún ciudadano puede vejar a otro en su lugar de trabajo y nadie puede causar ningún daño a otro ser humano, por mucho que la acción punitiva transcurra, por ejemplo, en un club privado.
La garantía y la protección que ofrece un Estados democrático a los derechos humanos básicos de todos los ciudadanos es universal, a pesar de lo que digan quienes tanto disfrutan y tan seguros se sienten echando el humo de sus cigarros al rostro de los demás, prohibiendo la entrada de las mujeres a sus asociaciones de ocio o discriminando a las personas por su raza o por el color de su piel. El derecho a la salud, así como el derecho a no ser discriminado por razones de raza o sexo, son derechos elementales. También en los hogares, en los lugares de divertimento y en los ámbitos de trabajo de todos y de cada uno de nosotros. Por muy privados y particulares que éstos sean.

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