martes, 3 de enero de 2006

Re-vista a la izquierda (2ª Parte)

Los ciudadanos europeos que nos reconocemos en una tradición política, social y cultural de izquierdas estamos cansados de que los partidos políticos que presuntamente nos representan siempre lleguen tarde donde nunca ocurre nada importante. O, lo que es peor: que se instalen en el lugar equivocado y se enmarañen en disquisiciones teóricas absurdas para que, de este modo, veamos con asombro cómo la defensa de la democracia frente a los totalitarismos, la protección del sistema de libertades ante las agresiones de los más diversos integrismos, la custodia de un orden internacional que ha de tender a expandir las bonanzas democráticas y la denuncia constante de las ideologías sectarias que defienden la utilización del terrorismo y la violencia como forma de actuación política están quedando desde hace varias décadas en manos de los liberales y de una derecha moderada que destaca más en su civilidad cuanto más recalca la izquierda la cortedad de sus miras y la mezquindad de sus intereses.

La izquierda que algunos añoramos es la izquierda progresista que defiende la justicia social, que trabaja por la redistribución de la riqueza, que trata de integrar a los más desfavorecidos y que lucha porque todos los seres humanos tengan protegidos sus derechos más básicos. Pero la izquierda que anhelamos también ha de defender las libertades individuales por encimas de las colectivas, ha de interiorizar que el bienestar de las personas y el progreso económico de los pueblos no siempre es sinónimo de una grave injusticia inmemorial y ha de ponerse a la altura ideológica de los ciudadanos del siglo XXI: de esos hombres y mujeres que están comprometidos con los derechos y las libertades de los demás, inquietos ante las agresiones que sufre el medio ambiente y preocupados por la expansión incesante de las corporaciones multinacionales, pero que también apoyan la globalización de la economía y de la cultura, que se sienten fascinados por las nuevas tecnologías, que son conscientes de la superioridad alcanzada por la civilización occidental y que saben lo importante que es vivir en democracia. Estos nuevos ciudadanos de izquierda, de verdad, nada tienen que ver con los socialistas franceses que rechazan el proyecto de Constitución Europea, con los socialistas españoles que se alían políticamente con los ultranacionalistas más radicales y sectarios, con los antiglobalizadores malcriados que se dedican a quemar restaurantes Mcdonalds o con todos esos intelectuales y actores, progresistas de pacotilla, que tan valientes son a la hora de criticar la política internacional de George Bush y que tan inútiles resultan a la hora de condenar un atentado terrorista de ETA, denunciar las brutalidades generadas por los integristas islámicos o para reconocer todas las prerrogativas que les ha proporcionado la sociedad que tanto dicen aborrecer.
(www.gonzalez-zorrilla.com)

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