lunes, 16 de enero de 2006

Viendo el final de ‘Expediente X’ (‘X Files’) (1º Parte)

Todavía no se han emitido en ninguna cadena televisiva española, pero he visto en formato dvd los capítulos de la novena y última temporada de “Expediente X” (“X Files”, en su título original.). Como siempre, me han parecido excepcionales por su hechura técnica, la excelencia de sus guiones y por la apariencia estética de la producción. Pero, además, he vuelto a recordar cómo esta serie es un mosaico fascinante y estremecedor alrededor de la mitología de nuestra sociedad contemporánea. Es en este punto donde Chris Carter, productor, coguionista y ‘alma mater’ de la serie, encuentra su mayor fuente de inspiración y donde conecta directamente con todos los miedos y temores que supuran las actuales colectividades postindustriales. El mismo David Duchovny (Fox Mulder), protagonista de la serie, lo expresa perfectamente en el documental "Introducción a Expediente X": "Todas las verdades comienzan como herejía y acaban como superstición. Tememos a lo desconocido, así que lo reducimos a términos familiares, ya sea una leyenda, una enfermedad o una conspiración".

Apoyándose en la fuerza de los modernos tecnomitos, asentándose en el hambre de trascendencia de los humanos del nuevo siglo y desarrollándose en la sospecha permanente de que nuestra sociedad de la información siempre calla más de lo que dice, la X de los archivos más secretos del planeta guarda algo más que un puñado de misterios cuyo intento de discernimiento ha sido una constante en la historia de la humanidad. La X de estos documentos representa la incógnita de una sociedad posmoderna carente de referentes ideológicos, profundamente dubitativa en su sobreinformación, desencantada de sus construcciones políticas, éticamente frágil e intelectualmente desconcertada ante un futuro en el que las doctrinas filosóficas predominantes desde la Ilustración, los paraguas religiosos más clásicos y las grandes balizas teóricas, han perdido toda su capacidad de guía y de orientación.
Expediente X es un desierto en el que no hay esperanza, en el que ningún personaje sabe muy bien si pertenece a los suyos, en el que cada revelación oculta un poco más la verdad y en el que lo único que parece funcionar siempre correctamente es la tecnología permanentemente asociada a los más sofisticados sistemas de comunicación. Tanto es esto así que la profusión de teléfonos móviles, de ordenadores portátiles, de conexiones a Internet y de documentación digitalizada de la que hace gala la serie solamente sirve para complicar más la historia, para convertir en algo más difícil la existencia de los investigadores del FBI y para hacer más vertiginosa la transmisión de presuntas verdades que luego siempre resultan ser espejismos que se deshacen entre las manos de los protagonistas. En esencia, el mundo que nos presenta la Fox es una muy correcta metáfora del nuestro y, quizás por ello, son tan pocos los análisis, críticos, semióticos o simplemente narrativos, que reconocen en la serie todo lo que de ciencia-ficción tiene.

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