lunes, 20 de febrero de 2006

El Parlamento vasco busca la impunidad de los asesinos

Mientras la banda terrorista ETA sigue amenazando, extorsionando y enorgulleciéndose de su utilización de la violencia, el Parlamento vasco, con el apoyo indirecto del Partido Socialista de Euskadi, ha pedido que en Euskadi no haya “ni vencedores ni vencidos” en el momento en que se ponga en marcha un hipotético proceso de paz.

Que nadie se llame a engaño. Cuando el Parlamento de Vitoria, apoyándose en una ínfima mayoría nacionalista que se ve sostenida por la aceptación silenciosa y cobarde de los socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero y de Patxi López, realiza semejante petición, al igual que cuando apoya expresamente a los presos de la banda criminal ETA o cuando defiende a los jóvenes alevines de los terroristas agazapados bajo las siglas ilegales de Jarrai o Haika, sabe perfectamente lo que demanda y lo que quiere transmitir a la sociedad española y, muy especialmente, a los ciudadanos vascos.

Al demandar una paz “sin vencedores ni vencidos”, el Parlamento vasco desea que en Euskadi, tras un presunto final de la violencia nacionalsocialista de ETA, los verdugos tengan los mismos derechos que sus víctimas, que todos los ciudadanos nos repartamos la responsabilidad de casi un millar de personas asesinadas en atentados terroristas y que nadie pueda guardar la memoria de la infamia como recuerdo de lo sucedido. El Parlamento vasco desea, por ejemplo, que la evocación de Miguel Ángel Blanco sea idéntica a la de su asesino, que la infamia tantas veces repetida desde las huestes proetarras sea tan legítima como el discurso irreprochablemente democrático mantenido por un puñado de vascos amantes de la libertad y que sea igualmente apreciada la nula contribución a la paz hecha por los amigos nacionalistas de los criminales que el inmenso y talentoso trabajo desempeñado por quienes han mantenido la integridad institucional jugándose diariamente la vida.

Lo que el Parlamento vasco quiere, con su declaración del pasado viernes, es que la impunidad de los criminales sea ley en la Euskadi de mañana, que en el futuro los terroristas sigan siendo considerados como hijos predilectos de tantos y tantos pueblos vascos gobernados por las fuerzas nacionalistas y que el casi millar de personas asesinadas por ETA, los 5.000 heridos en atentados criminales, el dolor colectivo causado a tantos ciudadanos inocentes y los daños materiales ocasionados a lo largo de más de treinta años de violencia terrorista pasen a convertirse en una simple anécdota, fácilmente olvidable, en la futura historia del País Vasco que la mayoría nacionalista se encargará de pergeñar. Todo esto es lo que el Parlamento vasco busca, con el apoyo medianamente explícito de instituciones siempre reaccionarias y de corte ultraconservador como la Iglesia católica.
Por el contrario, lo que desean las víctimas del terrorismo y los ciudadanos simplemente demócratas y amantes de la paz y de la justicia pronunciada por un Estado de Derecho, resulta políticamente más incorrecto: la rendición absoluta de ETA a través de la presión policial y judicial; el cumplimiento íntegro de las condenas por parte de todos los terroristas; el resarcimiento a las víctimas y la conversión de éstas en testimonio permanente de un tiempo aciago en el que la violencia nacionalsocialista de los criminales a punto estuvo de acabar en Euskadi con los pilares del Estado democrático; y, sobre todo, la expulsión, la marginación y el alejamiento de nuestra sociedad de tantos ciudadanos como los que, especialmente desde los ámbitos nacionalistas, han justificado tantos crímenes, han aceptado tantas barbaridades y han mantenido tantos silencios comprensivos ante los ataques cotidianos sufridos por sus vecinos no nacionalistas.
Lo que muchos ciudadanos vascos deseamos es, simplemente, la derrota absoluta de ETA, el castigo a los asesinos, la condena a los cómplices de éstos y el desprecio más absoluto a todos aquellos que tantas veces han exclamado esa barbaridad inmoral e indecente del ¡ETA mátalos!.
Nota: Sobre el tema que se trata en este post tengo publicado un libro, “Terrorismo y Posmodernidad” (Editorial Tilde, 2005), y también tengo editado electrónicamente en la red una amplia colección de artículos publicados previamente en la prensa escrita.
Para más información sobre el libro “Terrorismo y posmodernidad”, pueden enlazar
aquí
Para acceder a la colección electrónica de artículos, pueden enlazar aquí
(www.gonzalez-zorrilla.com)

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