martes, 14 de febrero de 2006

La voz de las víctimas del terrorismo

Después de más de treinta años de silencios, desprecios y olvidos, ahora parece que son muchos los que desean opinar sobre las víctimas del terrorismo y, lo que es peor, son más aún quienes pretenden utilizarlas y manipularlas con fines partidistas de uno u otro signo.

Cualquier reflexión que quiera realizarse sobre las víctimas del terrorismo ha de comenzar a partir de una triste constatación. En España en general, y en el País Vasco muy especialmente, las víctimas del terrorismo no solamente han tenido que padecer sus pérdidas familiares en soledad, sino que, además, han debido soportar la victimización añadida de quienes, instalados en la ignominia más profunda, no han tenido escrúpulos en comprender, justificar, alabar y jalear los asesinatos más viles y crueles.

A pesar de lo que piensan muchos líderes nacionalistas y demasiados representantes de la izquierda más obtusa, que acusan a las víctimas de estar manipuladas políticamente, hasta el momento resulta francamente difícil encontrar en el colectivo de las víctimas del terrorismo ningún pronunciamiento político que vaya más allá del ámbito que les afecta directamente. Pero, las víctimas del terrorismo, faltaría más, tienen voz para expresar cuáles son sus necesidades, materiales, sociales y éticas, y para transmitir a los ciudadanos cuál debería ser, en su opinión, la sociedad que todos necesitamos. Las víctimas, por el hecho de serlo, presentan unas necesidades fundamentales que, además de materiales, son de Justicia reparadora y de recuperación de la Memoria histórica. Y estas urgencias, para ser paliadas, necesitan de un soporte político que, luego, las formaciones representadas en un determinado Gobierno, pueden otorgar o no. Al parecer, el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no está dispuesto a entregar este apoyo, tal y como se ha puesto de manifiesto con la negativa del Presidente de Gobierno a asistir al III Congreso de Víctimas del Terrorismo que se está celebrando en Valencia.

Pero, le guste o no al Gobierno socialista y a sus socios nacionalistas, las reclamaciones de las víctimas (Memoria, Verdad y Justicia) han de tener una prioridad fundamental porque en ellas se agazapa el testimonio palpable del drama que vivimos en el País Vasco y en el resto de España y porque, como conocedoras directas del horror que se encierra detrás de cada crimen terrorista, las víctimas son los referentes sociales más indicados para poner de manifiesto toda la crueldad ética que se encierra detrás de cada atentado.
En el caso concreto de la sociedad vasca, ésta, además, jamás podrá regenerarse moralmente si antes no ha reconocido colectivamente el daño que el terrorismo de ETA ha causado a miles de víctimas directas e indirectas. La sociedad vasca jamás podrá recuperarse éticamente de la barbarie terrorista sin pedir a las víctimas explícitamente perdón por los muchos años de abandono y desprecio a los que han sido sometidas y sin reconocer que detrás del rostro dolorido de cada viuda, de cada madre a la que le han arrebatado un hijo, se encuentra el fracaso de toda una colectividad que ha pasado demasiado tiempo callando, ocultando y haciendo oídos sordos ante el horror fascista tejido, principalmente, por ETA y sus cómplices de paisano.

Nota: Sobre el tema que se trata en este post tengo publicado un libro, “Terrorismo y Posmodernidad” (Editorial Tilde, 2005), y también tengo editado electrónicamente en la red una amplia colección de artículos publicados previamente en la prensa escrita.
Para más información sobre el libro “Terrorismo y posmodernidad”, pueden enlazar
aquí
Para acceder a la colección electrónica de artículos, pueden enlazar aquí
(http://www.gonzalez-zorrilla.com/)

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