martes, 28 de marzo de 2006

Algunas reflexiones sobre el “alto el fuego permanente” decretado por la banda terrorista ETA (1º Parte)

Durante estos últimos días en diferentes ocasiones me han preguntado si estoy satisfecho con el “alto el fuego permanente” decretado por la banda terrorista ETA. A todo el mundo le respondo lo mismo: me siento tranquilizado por todas las personas que, al menos en los próximos meses, no morirán asesinadas por la espalda en días siempre golpeados por la lluvia; me encuentro tranquilo por los miles de hombres y de mujeres que en el País Vasco no tendrán que ir a esperar a sus hijos al colegio rodeados de guardaespaldas; me identifico, comprendo y siento como mía la liberación que a buen seguro habrán disfrutado todas esas personas que habrán dejado de sentir sobre sí el yugo de la amenaza, de la extorsión y del chantaje siempre presentes. Ciertamente, todo esto solamente puede ser motivo de una tenue satisfacción pero, después de treinta años de padecer el terror del asesinato indiscriminado y tras tanto tiempo de convivir con la barbarie terrorista, a algunos ciudadanos vascos la alegría y el regocijo se nos aparecen como emociones siempre obscenas que resultan profundamente anacrónicas en la sociedad enferma que habitamos.

En este sentido, el cese de los actos violentos por parte de la banda terrorista ETA no va a hacer que olvidemos la geografía sangrienta en la que para muchos de nosotros se han convertido las calles de nuestras ciudades. Conocemos cada rincón, cada esquina, cada acera y cada una de las plazas en la que los criminales mataron a sus víctimas y recordamos, porque no podemos evitar que la memoria de la infamia resuene repetidamente en nuestros corazones, cada uno de esos lugares cotidianos, cada uno de esos espacios públicos en los que uno o varios seres humanos perdieron la vida como consecuencia del fanatismo, de la crueldad y de la brutalidad esgrimida por quienes ahora parecen ser demasiado apreciados y respetados.
Más allá del contentamiento íntimo que produce saber que durante algún tiempo nadie va a ser asesinado, amenazado, chantajeado o humillado por las huestes terroristas, apenas queda lugar para la emoción. Más bien al contrario, el panorama se presenta lo suficientemente convulso y oscuro como para intuir que los tiempos de las cerezas y las primaveras políticas que muchos políticos petulantes y periodistas ignorantes creen ver en Euskadi van a dejar paso, sin tardar demasiado, a la llegada de dramáticas tormentas que el Gobierno socialista, el Ejecutivo autónomo vasco o los representantes de los partidos nacionalistas no quieren ver porque, por desconocimiento, por interés o por las dos cosas al mismo tiempo, parten de dos grandes errores a la hora de enfrentarse a ETA y a la tupida red de agrupaciones, asociaciones y formaciones que se cobijan bajo el manto tutelar de los terroristas.
Por un lado, y este sería el primer error, los que ahora tanto gustan hablar de la necesidad de dialogar, conversar, negociar y pactar con los terroristas desconocen u olvidan que estos delincuentes, que son los mismos que asesinaron a sangre fría a Miguel Ángel Blanco, los mismos que durante años han celebrado con una copa de cava cada nuevo asesinato y los mismos que durante décadas se han desgañitado demandando a los criminales más muertes y más destrucción, no tienen ninguna legitimidad ética para tratar sobre ningún tema, pero, sobre todo, carecen de cualquier fiabilidad para solidificar ningún tipo acuerdo. De la misma manera que a nadie se le ocurriría reclamar emprender pactos, acomodamientos o charlas con los asesinos de las niñas de Alcasser o con cualquiera de los bárbaros que van asesinando mendigos por las calles de nuestras ciudades, ninguna persona que tenga un mínimo de conocimiento acerca del mundo etarra o de los grupúsculos fascistas que se mueven alrededor de la banda terrorista sabe, con la certeza que proporciona lo muchas veces observado y padecido, que nada hay que pueda ser hablado o discutido con quien, para empezar, no acepta la existencia física de quien no piensa o actúa como él mismo. Los políticos, los periodistas, los analistas, los intelectuales y, en general, todas aquellas personas que se muestran tan satisfechas por el hecho de que se esté negociando “algo” con la banda terrorista ETA tendrían que explicar claramente qué es lo que hay de positivo en conversar con un asesino, en platicar con un mafioso o en parlamentar con un fascista que tiene como único objetivo la imposición a la sociedad de un ideario absolutamente demencial. Para la mayor parte de los representantes políticos socialistas y nacionalistas, y para no pocos “creadores de opinión”, Arnaldo Otegui, portavoz de la ilegalizada Batasuna, o ´Josu Ternera’, terrorista de ETA y exparlamentario de Batasuna fugado de la justicia española, son dos de los pilares fundamentales del proceso negociador que en un futuro próximo puede abrirse, si no se ha abierto ya, entre la banda terrorista ETA y el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Pues bien, Arnaldo Otegui es un exetarra que ha participado en varios secuestros llevados a cabo por la banda terrorista y que, en su momento, no dudó en disparar fríamente a las piernas de algunas de sus víctimas; José Antonio Urrutikoetxea, “Josu Ternera”, es, como también lo es su hijo, uno de los etarras más sanguinarios de los últimos años y sobre él recae la responsabilidad directa de no menos de una treintena de asesinatos. ¿Qué hay de ilusionante, de esperanzador, de tranquilizador, en entablar conversaciones con delincuentes de esta calaña?. ¿De qué se ríen quienes se muestran tan optimistas de llegar a pactos con estos malhechores?, ¿Qué tipo de acuerdos pueden alcanzarse con estos individuos?
Por otra parte, y este sería el segundo gran error que están cometiendo los muchos cantamañanas y “expertos” conocedores de la situación de Euskadi que ahora han nacido por doquier, se está dando por asentado, de una forma perversa, que la buena marcha de una presunta futura negociación entre ETA y el Gobierno dependerá de los avances políticos que hagan siempre a favor de las demandas de los criminales. Cuando desde los ámbitos políticos o periodísticos en particular, o cuando desde gran parte de la opinión pública en general, se reclama que se hagan “movimientos por todas las partes”, lo que se está exigiendo es que las instituciones del Estado dilaten al máximo sus posibilidades para otorgar a los terroristas el mayor número posible de prebendas políticas, sociales, jurídicas o policiales.
Este y no otro es el significado último que tiene el hecho de que, en principio, las conversaciones con la banda terrorista ETA se hayan diseñado, en principio, sobre dos mesas de negociación. En la primera, el Gobierno negociará directamente con los terroristas cuestiones como la entrega de armas y la progresiva liberación de los presos. En la segunda, las formaciones políticas partidarias de esta estrategia negociarían el futuro político del País Vasco siempre bajo la amenaza de que, de no cumplirse las aspiraciones de los criminales, éstos pudieran volver a lo que sin lugar a dudas saben hacer mucho mejor que dialogar: es decir, asesinar y extorsionar.
Cuando escribo esto, desconozco hasta qué punto está pactada y rubricada esta posible forma de negociación. Pero, sea como fuere, esta es una estrategia que se encuentra abocada al fracaso más cruel, ya que si algo ha quedado claro en los más de treinta años de actividad terrorista etarra es que a los criminales, o a los nacionalistas que recogen las nueces después de que los asesinos muevan los árboles, no hay ninguna concesión, ideológica, política o socioeconómica, que les resulte satisfactoria. Nada puede calmar a la serpiente. Ésta es voraz y depredadora y la única solución para acabar con ella es descabezarla utilizando las armas que jueces y cuerpos policiales ponen a disposición del Estado de derecho, es decir, al servicio de todos nosotros.
http://www.gonzalez-zorrilla.com/

Nota: Sobre el tema que se trata en este post tengo publicado un libro, “Terrorismo y Posmodernidad” (Editorial Tilde, 2005), y también tengo editado electrónicamente en la red una amplia colección de artículos publicados previamente en la prensa escrita.
Para más información sobre el libro “Terrorismo y posmodernidad”, pueden enlazar
aquí
Para acceder a la colección electrónica de artículos, pueden enlazar aquí

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