miércoles, 12 de abril de 2006

Arnaldo el Bravucón, o de cómo los asesinos se han convertido en claves para la paz en Euskadi

Las sucesivas fanfarronadas de Arnaldo Otegui declarando el pasado lunes ante el juez tienen su justificación. Hay que tener en cuenta que la primera consecuencia de la declaración del “alto el fuego permanente” realizada por la banda terrorista ETA, de la que el portavoz de la ilegalizada Batasuna fue miembro destacado, ha sido que los criminales han pasado a ser considerados por la opinión pública como menos criminales y que las víctimas de éstos tienen que esconderse porque es ya un lema machaconamente repetido por políticos, intelectuales y expertos que las víctimas de los atentados terroristas “no tienen que tener ninguna influencia en el ámbito político”.

Solamente por haber alcanzado esta posición en apenas unas semanas, Otegui ya tendría razones para lanzar sus bravatas. Pero es que, además, una gran mayoría de la izquierda política de este país (incluyendo a la mayor parte de los militantes del Partido Socialista en el Gobierno) y la práctica totalidad de los diferentes partidos nacionalistas de los distintos reinos taifas en los que se ha convertido España, están tan encantados con la tregua provisional de los terroristas que, incluso, muestran más entusiasmo por la misma que los propios criminales. Es decir, resulta obvio que la socialista vasca Gema Zabaleta confía más en el fin de la violencia de ETA que Jone Goirizelaia, abogada de los terroristas; parece claro también que, por ejemplo, el propio Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, está tan convencido del fin de la barbarie etarra que ya no tiene vergüenza en admitir, no solamente que está pensando en el acercamiento de los terroristas presos a sus lugares de origen, sino que, además, no disimula que habrá medidas de gracia para muchos de estos asesinos; por otro lado, la molicie, la blandura y la desgana con la que el Ejecutivo socialista parece mantener la ilegalización de Batasuna (organización que, no hay olvidarlo, según el juez Baltasar Garzón es ETA), parece transmitir el mensaje de que no se encuentra lejana la vuelta a la legalidad de los voceros de los terroristas. Por todo esto, Otegui puede extender sus piernas, cruzar los brazos detrás de la cabeza y decirle al juez que su lucha “es política”. ¿Cómo no va a serlo si el mensaje que se está transmitiendo desde las instituciones es precisamente ése?.

Por si todo esto fuera poco, Arnaldo puede permitirse lanzar sus bravuconerías porque, además, el 64% de los ciudadanos vascos considera que el “alto el fuego permanente” decretado por ETA el mes pasado demuestra que la banda tiene una “voluntad sincera” de paz, según una encuesta difundida por el Gobierno autónomo. Finalmente, y mientras todo esto ocurre apenas un mes después de la solemne declaración de los criminales, la banda terrorista vuelve a hablar y afirma no solamente que desea ser protagonista en el proceso de paz, sino que, además, considera que éste ha de pasar, además de por la habituales reclamaciones territoriales y de autodeterminación, por la amnistía total de los presos y por la expulsión de Euskadi de las fuerzas armadas y de las diferentes policías”. ¿Alguien da más?.
Efectivamente, Otegui, el exterrorista de ETA, puede permitirse ser un chulo.
www.gonzalez-zorrilla.com

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