viernes, 28 de abril de 2006

Decálogo por la paz y la libertad en el País Vasco

Algunas cosas que el Gobierno vasco, encabezado por el lehendakari Juan José Ibarretxe, puede hacer (y no hace) para consolidar la paz y la libertad en el País Vasco:

- Impulsar la detención de los etarras y contribuir a limpiar las calles vascas de quienes, amparados en la alegalidad más absoluta, forman parte de la organización terrorista y atentan contra la integridad física o las propiedades de los ciudadanos vascos no nacionalistas.

- Rendir tributo a las víctimas del terrorismo, ayudarlas en sus necesidades materiales, reconocer públicamente su dolor y convertirlas en el eje de la urgente regeneración moral que debe emprender la sociedad vasca. Promover el regreso al País Vasco de los miles de ciudadanos no nacionalistas que han tenido que abandonar Euskadi por las amenazas y las coacciones de la banda terrorista ETA y de sus colaboradores.

- Promover actos de homenaje a las víctimas del terrorismo en todos los municipios del País Vasco, honrando la memoria de los centenares de personas asesinadas por la banda terrorista ETA, colaborando en la recuperación de la memoria histórica de éstas y ayudando a sus familiares a colmar su necesidad de justicia.

- Actuar políticamente para que los terroristas de ETA, presos o en libertad, sean declarados personas “non gratas” y sean expulsados de Euskadi. Por respeto a sus víctimas y como forma de asegurar la convivencia en una sociedad que durante treinta años ha sido violentamente castigada por quienes ahora siguen siendo homenajeados, vitoreados, alabados y respetados por las instituciones controladas desde los ámbitos nacionalistas.

- Trabajar firmemente para que ningún delito de terrorismo quede en la impunidad.

- Promover la regeneración democrática de la sociedad vasca, especialmente en el ámbito educativo. Más de treinta años de terrorismo nacionalfascista de ETA han provocado que prácticamente tres generaciones de ciudadanos vascos hayan crecido contemplando cómo el asesinato indiscriminado, el secuestro, la extorsión, las amenazas y las algaradas callejeras se han considerado desde los ámbitos nacionalistas como una forma “errada pero comprensible” de actividad política. La sociedad vasca vive en un estado prepolítico, premoderno y convulso desde el momento en que la banda terrorista ETA cometió su primer asesinato y la mayor parte de los ciudadanos vascos miró hacia otro lado.

- Asumir públicamente que los derechos civiles de cada uno de los ciudadanos vascos son siempre superiores a cualquier presunto derecho colectivo

- Garantizar, a través de los recursos de que disponen las instituciones autonómicas, que los ciudadanos vascos no nacionalistas puedan ejercer sin ningún impedimento, sin problemas para su integridad física o de las sus familias, sin amenazas o intimidaciones terroristas, sus derecho elemental a la libertad de expresión.

- Comprometerse a no utilizar el euskera como una herramienta de exclusión de los ciudadanos no nacionalistas y aceptar, definitivamente, que Euskadi es una comunidad bilingüe en el que conviven dos lenguas que han de contar desde las instituciones autonómicas con el mismo trato y respeto. Corolario: Aceptar y comprender que la cultura vasca está formada por aquellos productos literarios o audiovisuales que nacen en Euskadi, independientemente del idioma en que éstos se expresen. Cultura vasca no es sinónimo de producto cultural “hecho” en euskera.
- Promulgar en la sociedad vasca una auténtica cultura de la paz y de la libertad: instruyendo en la tolerancia y en el respeto a los que piensan de una forma diferente; educando en la bondad de la reflexión intelectual en contraposición a la enseñanza en la urgencia del grito nacional e, instruyendo en que las instituciones son la cara visible, y por lo tanto más respetable, de los valores de democracia, libertad y justicia que constituyen las esencia de cualquier país democrático.

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