martes, 11 de abril de 2006

Humor frente al fanatismo islamista


La supremacía de la civilización occidental frente al Islam consiste, básicamente, en que mientras que resulta imposible abrir una iglesia cristiana en Arabia Saudí sí que resulta relativamente sencillo inaugurar una mezquita en cualquier país de Europa o en Estados Unidos.

Como ven, y por mucho que insistan los relativistas culturales que tanto aprecian las libertades propias y tan poco las de los demás, sí que hay maneras muy sencillas de entender qué es lo que nos diferencia de los fanáticos y de los integristas islámicos o de cualquiera otra especie. Mis amigos homosexuales del post anterior pueden vivir juntos en cualquier país occidental mientras que son perseguidos y torturados incluso en los países árabes más abiertos como Egipto o Jordania; cualquier mujer, tenga los orígenes que tenga, puede pasearse por nuestras calles en absoluta libertad, mientras que mi esposa, para visitar morábitos en ciudades como Aman, Damasco o El Cairo, ha tenido que entrar por puertas diferentes y utilizar obligatoriamente prendas que ocultaban su cuerpo; actualmente, la MTV está emitiendo en Alemania una serie de dibujos animados que presenta a un Papa que está absolutamente loco, mientras que los islamistas más retrógrados, integristas y fundamentalistas llaman a la Guerra Santa y al asesinato por unas caricaturas que, con mayor o menor acierto, representan, simplemente, al profeta Mahoma.

Deseo que mi hijo viva en una sociedad plural, democrática y libre que no ceda ni un ápice en sus conquistas con respecto a los derechos humanos y, sobre todo, que no trate de recortar los derechos civiles en aras de halagar o de “respetar” a ideologías, doctrinas o creencias que abogan por la eliminación, tanto física como intelectual, de todas aquellas personas que no acatan sus ridículos ordenamientos.
¿Alianza de civilizaciones?. Personalmente, y a estas alturas de la historia de la humanidad, no puede haber ningún proceso civilizador que no se asiente sobre el máximo respeto a las libertades individuales de todas y cada una de las personas que conforman nuestras sociedades. Guste a quien guste y ofenda a quien ofenda, es una realidad que, en la actualidad, esta consideración hacia los derechos civiles de todos los ciudadanos solamente existe en Europa y en Estados Unidos, y en aquellos otros países que han tomado a Occidente como modelo de desarrollo y de convivencia.
(www.gonzalez-zorrilla.com)

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