domingo, 9 de abril de 2006

Reflexión de boda

Dos de mis mejores amigos se casaron hace unos días y tuvieron una jornada feliz. Quienes asistimos a su unión disfrutamos de su alegría, compartimos con ellos unas horas que nunca olvidarán y, como en otras ocasiones, sentimos que, de vez en cuando, es necesario festejar civilmente hechos así, la alianza de dos personas que se quieren, el nacimiento de un niño, el reencuentro de quienes han permanecido demasiado tiempo separados... Se trata, en esencia, de celebrar las cosas pequeñas de la vida, de encomiar esos pequeños momentos que nos unen a esas personas que siempre están a nuestro lado y que, independientemente del tiempo que haya transcurrido, sabemos que comparten con nosotros muchos de nuestros anhelos, de nuestras preocupaciones, de nuestras ilusiones y de nuestras inquietudes. Sobre algunas de estas cosas pensaba mientras veía a mis amigos ante la juez que hacía oficial su enlace y que leía con detalle los obligados preceptos del código civil.

Mis amigos son homosexuales y yo también pensaba en cómo el ejercicio del poder o la práctica política democrática puede utilizarse, muy positivamente, para influir en los aspectos más básicos de la vida cotidiana de los ciudadanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...