lunes, 3 de abril de 2006

Reflexión sobre el libro electrónico (e-book) y el libro tradicional

De la Universidad Estadual Paulista de Sao Paulo (Brasil) me piden para una de sus publicaciones un breve artículo sobre cómo veo el futuro del libro y sobre las relaciones de éste con las nuevas tecnologías. Como creo que es un tema interesante, adjunto a continuación el texto que les he enviado y que ya pueden leer directamente aquí.

Reflexión sobre el libro electrónico (e-book) y el libro tradicional
El libro de papel es uno de los grandes desarrollos tecnológicos conseguidos por la humanidad. El libro tradicional, ese conjunto de hojas de papel que encuadernadas forman un volumen, es un instrumento sencillo de utilizar, perfectamente adaptado al uso que se pretende de él, estéticamente hermoso, de fácil acceso, resistente al paso del tiempo, sencillamente transportable y que, además, no necesita energía para su funcionamiento.

Son muchas las ventajas del libro tradicional de papel, aunque este producto tecnológico, que lleva cosechando éxitos desde hace varios siglos, plantea también varios problemas importantes que, sin lugar a dudas, influirán en su futuro. Estos inconvenientes son los siguientes: un elevado coste de producción; su carácter de obra totalmente imposibilitada para modificarse y/o actualizarse; su dificultad para el almacenamiento, por el gran espacio físico que exige su acumulación; y, finalmente, su excesiva dependencia de recursos medioambientales (madera, árboles, etc.) que en la actualidad tienen un valor esencialmente estratégico para todos.
Es en estos aspectos donde las nuevas tecnologías en general, y desarrollos en particular como el libro electrónico o el papel electrónico, obtienen un protagonismo especial a la hora de definir el futuro del libro.
Si entendemos como libro electrónico toda aquella obra literaria o científica en formato digital que requiere hardware o software específico de lectura podemos rápidamente comprender que esta tecnología está en condiciones de solucionar algunos de los déficit que como hemos visto antes se asocian al libro tradicional.
La edición electrónica de un texto literario o científico, incluso cuando ésta haya de adaptarse a diferentes formatos de recepción (internet, cd-rom, e-book, pda, telefonía móvil, etc), resulta barata, su actualización o modificación es instantánea, la dificultad de su almacenaje es nula y su coste medioambiental resulta, en la práctica, igual a cero. Lo que ocurre, y lo que tanto está retrasando la entrada masiva del e-book en el mercado, es que estos desarrollos tecnológicos implican a su vez nuevos problemas para el lector y la lectura que el libro tradicional nunca había planteado a los lectores-consumidores.

Entre estas contrariedades, algunas de ellas de difícil solución, destacan las siguientes: todo libro electrónico necesita una máquina específica (hardware) para ser leído; estas máquinas, algunas de ellas con precios muy elevados, carecen de la elevada portabilidad que sí tiene el libro clásico; la facilidad y claridad de lectura con estas herramientas, al día de hoy, no es, ni de lejos, tan perfecta como en un volumen de papel correctamente impreso; estos instrumentos electrónicos necesitan energía para su funcionamiento, lo que limita las posibilidades de su uso; y, además, requiere un mantenimiento y una atención que el libro de papel no demanda.
Ante este estado de cosas, pienso que, actualmente, al libro clásico, tradicional y de papel, tal y como lo conocemos desde hace centurias, aún le quedan muchos años de vida porque, como hemos comentado al principio, es un desarrollo tecnológico modélico. Pero, dicho todo esto, también hay que hacer notar que las diferentes posibilidades que ya están ofreciendo el libro electrónico y las nuevas tecnologías pueden resultar, en casos concretos, muy interesantes como sustitutivas o complementarias del libro tradicional. Así, la capacidad de almacenar información y la rapidez de actualizar ésta que ofrece la informática está provocando la práctica desaparición de las enciclopedias de papel, sustituyéndolas por sus versiones en Internet o en cd-rom. Por otro lado, los libros estrictamente científicos pueden hallar excelentes complementos en sus versiones electrónicas, donde, por ejemplo, pueden añadir ejemplos gráficos, audiovisuales o infográficos imposibles de incluir en un volumen de papel. Además, todos aquellos libros que necesiten actualizaciones constantes y periódicas (diccionarios, almanaques, publicaciones de actualidad, etc.) también pueden encontrar excelentes complementos en sus versiones digitales. Determinadas publicaciones universitarias, complejas, muy extensas y dirigidas a unos pocos receptores, también pueden ser un buen campo de actividad para la publicación electrónica.
En esta enriquecedora convivencia del libro clásico con el electrónico, en la que se aúna lo mejor de cada uno de los dos soportes, es donde, personalmente, encuentro la clave de lo que será el futuro a corto y medio plazo del mundo del libro y de la edición.
Para terminar, permítanme una última reflexión. Por mi trabajo, desde hace varios años dispongo de libros electrónicos en diferentes formatos, y todos me resultan muy útiles, aunque, hasta el momento, en ninguno de ellos he encontrado la belleza, el placer y la satisfacción que, más allá de la lectura, produce ver, tocar, acariciar y sentir un libro de papel perfectamente encuadernado.

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