miércoles, 24 de mayo de 2006

La cintura democrática española

José Luis Rodríguez, el mismo que ha puesto España boca abajo sin necesidad, el que ha pactado con los fascistas catalanes que se disfrazan de nacionalistas y el mismo que ha embarcado al país en un “proceso de paz” con la banda terrorista ETA en el que los únicos que parecen saber cómo funcionan las cosas son los criminales, nos ha aportado recientemente su último gran descubrimiento político-filosófico: “La democracia es una cuestión de cintura”, acaba de explicar Zapatero al líder de la oposición, Mariano Rajoy, y, tras realizar esta aseveración, el presidente dio por terminada su intervención en el Parlamento pensando seguramente que, una vez más, nos había legado a todos los españoles una gran lección de lo que ha de ser la libertad.
Se equivoca el presidente cuando afirma que la democracia es algo flexible, dúctil y maleable que puede ser utilizado por todos y, sobre todo, que ha de emplearse para satisfacer a todos. Muy al contrario, gobernar con equidad y, especialmente, gobernar en regímenes democráticos, significa elegir, negar, tomar decisiones, imponer criterios y establecer estrategias que, además de ser conformes con la legalidad vigente, han de establecerse para que beneficien al máximo número de ciudadanos y para que protejan y refuercen la convivencia de todos en paz y en libertad.
La democracia no es una cuestión de cintura. A pesar de lo que diga esta falsa e inculta progresía de salón que nos gobierna, la democracia es una delicada herramienta de relación entre los seres humanos que, dada su fragilidad, ha de ser extremadamente firme a la hora protegerse de cualquier persona, empresa, organización, entidad o institución que desee socavarla para salvaguardar sus intereses particulares. Así, la democracia no puede tener cintura con los terroristas de diferente cuño que desean derruir nuestra forma de vida y dinamitar nuestras instituciones; la democracia no puede tener cintura con quienes solamente desean preservar sus prebendas locales haciendo temblar los intereses colectivos: la democracia tampoco puede tener cintura con cualquier ideología, doctrina o posicionamiento ético que, basándose en el fanatismo y en la cerrazón, apele a cercenar las libertades individuales, haga apología del racismo, desprecie a determinados colectivos de ciudadanos o llame a tener comportamiento intolerantes con los demás. Qué quieren que les diga. En mi opinión, se comienza considerando que la democracia ha de ser blanda, dócil y cimbreante, que la democracia ha de tener cintura, y se termina elaborando ridículas teorías sobre la “alianza de civilizaciones”, invitando a tomar café a terroristas o a sus portavoces de paisano o, simplemente, realizando cenas de Estado a las que solamente pueden asistir mujeres. ¿A que les suena a algo todo esto?
gzorrilla@gmail.com
www.gonzalez-zorrilla.com

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