martes, 6 de junio de 2006

Blade Runner, 25 años de un mito. La historia (2ª Parte)

Corre el año 2019 y en las megaciudades de la Tierra solamente viven ciudadanos sin poder adquisitivo para habitar en las colonias del espacio exterior. La vida biológica se ha degradado por un medio ambiente purulento. Biotecnólogos y genetistas han creado hombres y mujeres artificiales (replicantes), físicamente modélicos e intelectualmente supremos, dedicados a la realización de los trabajos más duros más allá de las estrellas. Temerosos de su poder, los científicos les han proporcionado solamente cuatro años de vida. A partir de este tiempo, los complejos desarrollos biotecnológicos de estas criaturas se degradan y estas “personas artificiales” mueren. En estas circunstancias, cuatro replicantes, Batty (Rutger Hauer), Pris (Daryl Hannah), Zhora (Joanna Cassidy) y Leon (Brion James) vuelven a la Tierra para localizar a su creador e intentar que éste les alargue la vida. Para evitar un enfrentamiento entre el “padre” y sus criaturas se pondrán en marcha el detective Deckard (Harrison Ford), apático y cínico, encargado de “retirar” a tan molestos seres. La persecución constituye el hilo argumental del film.
Para quienes no hayan visto el film, podríamos decir que la historia que cuenta “Blade Runner” es la de alguien que busca sus recuerdos originarios y se niega a morir en un mundo tan asfixiante y decadente como fascinante y seductor. Esta podría ser la sipnosis de una película que, como todas las obras de arte con mayúsculas, desborda la intencionalidad de sus propios creadores. “Blade Runner” es el futuro, ¿el presente?, más creíble y brutal que el cine nos ha legado y ahí radica su majestuosidad, su dramatismo y su encanto. “Blade Runner” es un dibujo de nuestro mundo actual levemente tocado por las manos diestras de un caricaturista experto.
Apenas faltan trece años para que la Tierra alcance esa fecha del 2019 en el que transcurre “Blade Runner”, pero si nos fijamos con atención, las mayores megaurbes del mundo tienden a parecerse al “Los Angeles” del film de Ridley Scott, y, además, nuestras sociedades occidentales se encaminan indefectiblemente por los derroteros políticos, sociales, económicos, culturales y científico-tecnológicos que se describen en la película.
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