jueves, 8 de junio de 2006

Recuerdos indígenas (mayas)

Un ciudadano guatemalteco seguidor de este blog ha consultado mi página web y ha comprobado que en la misma pueden leerse los primeros capítulos de una novela que en su día comencé a escribir y cuya acción transcurre en el corazón del México indígena. Quizás movido por la lectura de estos textos, este amable lector me escribe un email haciéndome algunas matizaciones de tipo general y finaliza su misiva preguntándome mi opinión sobre los pueblos indígenas de Sudamérica, especialmente sobre los pueblos mayas.
Ciertamente, y como consecuencia del nombramiento de Evo Morales como presidente de Bolivia, creo que a lo largo de todo el continente americano, y también en Europa, ha comenzado a despertarse cierto interés por descubrir algunas de las claves que definen a los movimientos indígenas de esta parte del mundo y de ahí, quizás, la curiosidad de mi interlocutor guatemalteco por estas cuestiones. Le he respondido a este lector que no soy, ni mucho menos, ningún experto en los pueblos indígenas americanos y menos aún sobre la situación actual de las comunidades mayas que existen en las regiones selváticas de México y Guatemala.
Lamentablemente, mi experiencia con estos pueblos se reduce a dos estancias que he realizado en la zona maya de México y a la admiración que siento por el legado arquitectónico que esta civilización nos ha dejado. En este sentido, creo que los pueblos mayas actuales poseen una de las riquezas culturales y artísticas más fascinantes del mundo y pienso que son los herederos de unos grupos humanos que, en su momento histórico, estuvieron entre los más avanzados del planeta. Dicho esto, y por mi breve experiencia en México, también pienso que estos pueblos deben colocar sus ricas tradiciones culturales y religiosas en el lugar que les corresponde y que no deben dejar que éstas se conviertan en el eje sobre el que gira su existencia como pueblo. En mi opinión, los indígenas actuales herederos de la gran cultura maya deben emprender un proceso intenso que convierta a sus sociedades al laicismo, la democracia y la modernidad para, de este modo, incrementar los niveles económicos y culturales de sus individuos. El relativismo cultural me parece una estupidez occidental profundamente peligrosa y, por ello, creo que, efectivamente, la laicidad, la libertad y los valores de la revolución ilustrada son positivos para todos los hombres y mujeres del planeta. Sin excepciones.
Nadie va a hacer por los indígenas esta apuesta de futuro, así que habrán de ser ellos quienes se liberen de todo lo opresor que puede haber en sus creencias para evitar tantos desprecios, abandonos y manipulaciones como los que demasiado habitualmente sufren. Antropológicamente y desde un punto de vista folclórico y turístico, puede resultar muy interesante ver a un indígena rezando a una botella de Coca-Cola (tal y como yo lo he visto hacer en la Iglesia de San Juan de Chamula -Chiapas-), pero dudo mucho que este tipo de comportamientos contribuyan al enriquecimiento y la mejora de estos pueblos y de sus ciudadanos.
gzorrilla@gmail.com

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