martes, 11 de julio de 2006

La generación “tarantina” necesita límites

Lo cuenta “El Correo” de Bilbao: un grupo de jóvenes, la mayoría de ellos menores de edad, de entre 16 y 17 años, insultaron, escupieron y golpearon a un cicloturista, al que conocían del colegio, mientras uno de ellos, una chica, grababa la escena con un teléfono móvil. La víctima, S.G., vecino de Bilbao de 22 años, que prefiere mantenerse en el anonimato, explicó a este periódico que está “curtido” en este tipo de ataques gratuitos, pero que esta vez “es la primera” que lo ha denunciado ante la Policía Municipal, porque “me han reventado la boca y eso no se puede permitir, ¿no?.”
Algo pasa en nuestra sociedad cuando los casos como los citados anteriormente se repiten tanto y en tantos lugares de Occidente. Sin lugar a dudas, sufrimos de una gravísima frivolización de la violencia, de un déficit educativo en valores extramadamente grave y, sobre todo, padecemos de una profunda pérdida de referentes. Pero además, el asentamiento en Europa, especialmente desde finales del pasado siglo, de un relativismo cultural muy mal entendido, la proliferación epidémica de padres que abandonan cualquier tipo de responsabilidad sobre el comportamiento de sus hijos y la instalación entre nosotros de una anomia ética que apenas hace distinción entre víctimas y verdugos son también causas directas de estos sucesos. Ha surgido una generación “tarantina” de muchachos que considera que todo son derechos y que los deberes apenas existen; son adolescentes y jóvenes, esencialmente maleducados, escasamente formados culturalmente y poseedores de una importante autonomía económica que piensan que no tienen ninguna responsabilidad sobre nada de lo que ocurre a su alrededor y que, como en los dibujos animados de Disney o en los videojuegos de Lara Croft, la utilización de la fuerza bruta es apenas un divertimento.
El juez de menores Emilio Calatayud es conocido popularmente por las peculiares sentencias que impone a los chavales que delinquen. Por ejemplo, ha decidido que quienes infringen las leyes del tráfico acompañen a las patrullas que vigilan las carreteras, ha obligado a ‘niños bien’ a servir a indigentes, ha ‘condenado’ a un delincuente analfabeto a aprender a leer. Este magistrado, un experto en el comportamiento violento de los jóvenes, explica entre otras cosas que una bofetada a tiempo, dada con cariño, es una victoria y señala, en una reciente entrevista publicada en “El Pais”, cuáles son los límites que se han traspasado en la educación de los adoloscentes: “En la familia, los hijos no son conscientes del deber que tienen de obediencia y respeto a los padres, y de que además han de contribuir a llevar las cargas familiares... En la escuela, por ejemplo, se ha perdido el respeto a la autoridad moral del maestro... Y se ha perdido la colaboración entre el maestro y la familia. El menor se aprovecha de esa ventaja: el padre siempre apoya al hijo y siempre considera al profesor como un enemigo... Hay que recuperar esa autoridad que tenía el maestro y hay que ayudar a los profesores. ¡Hay que recuperar la tarima! Los símbolos de autoridad son importantes. Estamos creando la sensación de que todo vale, y no todo vale. A los menores hay que decirles que no.”
Nota: Gracias a 'Intempest', a través de Menéame, descubro este vídeo en YouTube que ilustra perfectamente lo comentado.
gzorrilla@gmail.com
http://www.gonzalez-zorrilla.com/

6 comentarios:

  1. Anónimo1:32 p. m.

    ¿Necesita límites? En la entrada pone que les falta de todo menos límites. Los límites están claros, y se los están saltando. Les falta educación, atención, etc..., como bien dices. Más límites no supondrán ningún cambio.

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  2. Anónimo5:17 p. m.

    Totalmente de acuerdo con el artículo...pero falta algo fundamental, explicar cómo hemos llegado aquí.

    Y es que la culpa ha sido "vuestra" (yo me considero más de "su" generación que de la tuya, my friend). Ha sido y es vuestra por dejarles ver toda la tele que quieren y que, además, gran parte de esa tele sea una basura (Gran Hermano, Salsas Rosas, Crónicas Marcianas, Tomates,Chuck Norris...), de dejarles leer cualquier cosa (si no lo ha hecho ya, léase un "Super Pop" o un "Bravo" y llore...).

    K.

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  3. Anónimo10:06 p. m.

    Que vuelva franco y los grises. ¿Es eso lo que queremos? Entonces bienvenidos al mundo real y que los padres asuman su labor educadora en vez del estado, la tele, los videojuegos o las revistas.

    Como diria Torrente, un grande de España, la culpa es de los padres, coño!

    P.D.: Te lo dice un joven de 23

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  4. Toda la razón en el artículo, lo único que no me parece bien lo de la generación "tarantina". Yo me considero un chico educado, tengo mis estudios y mi trabajo, 25 años, e intento ser amable con la gente, etc etc, y soy un fan de las peliculas de Tarantino, por lo que no considero la mejor forma de llamar a la generación que te refieres.

    El problema de estos chicos es basicamente la educación y el respeto y posiblemente ni entiendan las peliculas del director.

    Saludos!!

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  5. Anónimo9:42 a. m.

    Yo creo que sí, que tiene razón. En efecto, la incultura, la falta de referentes y otros factores que probablemente se hayan mencionado ya han conformado una generación de jóvenes... "conflictivos".
    Pero todo esto ha ocurrido porque hay una generación anterior, que aún creyéndose menos "conflictiva", considero culpable de la situación actual. Son los padres de todos estos jóvenes que tan mal educados han sido. Y esque ahora mismo, la educación da pena. Y son sus padres los que los han educado. Profesores sin ningún tipo de motivación ni competencia, padres irresponsables (sí, IRRESPONSABLES) que no educan a sus hijos más que en el "hala, niño, juega a la Play". Que sí, señores, que los niños de 18/20 de ahora son hijos de padres que a su vez han sido niños de 18/20. De tal palo, tal astilla. No seamos maniqueos y una de dos: o asumimos que los niños hoy en día son reflejo nuestro, en cuyo caso debemos asumir que es ley de vida o simplemente asumimos nuestra culpa. Que sólo es NUESTRA (y ojo, que no tengo hijos, pero si algún día los tengo, me preocuparé por ellos MUCHO más de lo que se preocuparon mis padres por mí.

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  6. caotico9:44 a. m.

    La culpa es totalmente de los padres. Cuanto más pasotas y abandonados son los padres peores serán los hijos.

    ¿Limites? Eso no vale de nada cuando nadie les enseña a respetarlos.

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