viernes, 4 de agosto de 2006

Mis ciudades

Ante la llegada del verano y de las fechas vacacionales, una revista local me invita a que seleccione mis ciudades preferidas y a que comente brevemente las razones por las que las elijo. La verdad es que lo que al comienzo entendí como una pregunta trivial y sin mayor enjundia se ha convertido en una cuestión a la que he tenido que dedicar cierto tiempo. La memoria, los afectos, los estados de ánimo y la experiencia general del viaje marcan indefectiblemente cualquier elección, pero, al final, creo que la lista que he realizado refleja fielmente cuáles son mis urbes distinguidas.
1) París (Francia): Es la capital a la que siempre vuelvo y en la que siempre hallo el rastro de mis orígenes culturales, de mis devociones artísticas y de algunos de mis más antiguos recuerdos. Pasear calmadamente por esta ciudad me ordena las ideas, me calma los sentimientos y me recuerda permanentemente cuáles son los valores de nuestra civilización occidental, sobre qué principios se asienta y lo mucho que muchos hombres y mujeres lucharon para que nosotros podamos hoy disfrutarlos.
2) Nueva York (Estados Unidos): Si alguien que jamás ha salido de su tierra desea conocer el mundo en unos pocos días, es suficiente con que realice un viaje a Nueva York. La capital del planeta es para mí una megalópolis imprescindible porque en ella se encuentran, en un exceso fascinante, algunas de las cosas que más aprecio: los cafés, la arquitectura, los grandes musicales, la Quinta Avenida, el Lexington Hotel, los hot-dogs callejeros, el Metropolitan, un paseo por Central Park, las mejores librerías del mundo...
3) Londres (Gran Bretaña): Para mí continúa siendo la gran referencia europea en el ámbito de la cultura contemporánea. Es una urbe fascinante y siempre diferente que permanece en constante ebullición. Probablemente, su capacidad para integrar a ciudadanos de todas las culturales y para convertirlos en londinenses (capacidad puesta algo en cuestión tras los últimos atentados cometidos por fanáticos islamistas nacidos en la capital británica) es algo que siempre he admirado.
4) Lisboa (Portugal): Es una ciudad hermosa que directamente te atrapa el corazón. En ella se encuentran algunas de las calles más bellas del mundo y toda la urbe está bañada de una lluvia de melancolía (“saudade”) que baña al visitante en una turbulencia de añoranzas, recuerdos y evocaciones. Esta es una capital para pasear lentamente, para perder escandalosamente el tiempo, para disfrutar de su gastronomía y para comprar en algunas de las tiendas más encantadoras de Europa.
5) Madrid (España): Aunque nunca he vivido en ella, es una ciudad que siento como mi casa. En ella se encuentran reflejadas mis costumbres, mi cotidianeidad, mis gustos y mis aficiones. Es una urbe esencialmente abierta que convierte a cualquier persona en ciudadano propio y en ella siempre me encuentro a gusto. Qué más puedo pedir.
6) Roma (Italia): Por su belleza deslumbrante, por su carácter, por ser un caos más o menos organizado, por reunir algunas de las más maravillosas construcciones de los seres humanos...
7) México D.F: Si el caos tomara la imagen de una ciudad aparecería reflejada la gran capital centroamericana. El Distrito Federal es inmenso, enredado, incoherente, fascinante, elocuente, atractivo, poderoso y mágico como solamente puede serlo una gran ciudad mexicana. En México se encuentra la belleza más absoluta conviviendo con la pobreza más insultante y, en medio de todo ello, surge un abismo urbano que seduce como solamente puede hacerlo todo aquello que no puede medirse con los parámetros habituales con los que valoramos las cosas que nos son más comunes. México D.F no es una ciudad sino un cataclismo de sensaciones dramáticamente contradictorias.
8) Luxor (Egipto): La antigua ciudad de Tebas siempre permanece en mi memoria por su capacidad para hacer convivir, con una elegancia muy poco común, los extraordinarios restos monumentales y espectaculares que guarda la que fuera la capital del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto con las necesidades del viajero del siglo XXI. En Luxor es posible aún pasear por la noche entre las ruinas bellísimas del antiguo gran Templo, recorrer con calma la orilla del Nilo a su paso por la ciudad o visitar el que es el único museo del mundo dedicado íntegramente al arte sagrado de la momificación.
9) Palmira (Siria). Una pequeña ciudad enclavada en la mitad del gran desierto sirio, cerca del la frontera de este país con Israel. Una pequeña ciudad que guarda como un tesoro intacto las ruinas incólumes de la gran ciudad romana que en su momento se convirtió en una de las grandes urbes del Imperio. Lo más bello de la arqueología en medio de un espacio yermo, solitario, deslumbrante y seductor.
10) San Cristóbal de las Casas (México). En el corazón de la selva de Chiapas es una ciudad que integra a la perfección todo lo mejor y lo peor del México indígena, del México de la Conquista y del México actual.
gzorrilla@gmail.com

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