jueves, 28 de septiembre de 2006

Nazismo, comunismo e islamismo

La dirección de la Ópera de Berlín ha anunciado la suspensión de obra “Idomenco”, de Mozart, una descripción alegórica de un mundo sin dioses en la que aparecen cortadas las cabezas de Jesucristo, Mahoma y Buda. La supresión del montaje escénico se ha debido, según los responsables del teatro berlinés, a que su representación podía ofender a la comunidad islámica, con lo que, una vez más, nos encontramos ante un caso de supresión de la libertad de expresión, aunque sería más apropiado decir ante un ejemplo de autocensura, por miedo a las presiones del islamismo más reaccionario.
Para quienes estamos convencidos de que el terrorismo islamista es una amenaza directa a la democracia, a la libertad y a los valores de tolerancia y civilidad que representan las sociedades occidentales, gestos como el de la Ópera de Berlín suponen una clara regresión en la defensa de los derechos fundamentales de las personas y, además, implican un inaceptable sumisión y entrega a la irracionalidad, la barbarie y el oscurantismo impulsado por el islamofascismo más radical.
Occidente en general, y Europa y Estados Unidos en particular, están en lucha contra un Islamismo obtuso y cruel que ha sabido aprovechar los múltiples beneficios producidos por la globalización social, económica y cultural que ha vivido el planeta durante las dos últimas décadas para emprender con fiereza el que sin duda es uno de sus máximos objetivos: la expansión mundial.
Los ataques furibundos de los fundamentalistas de la fe a cualquier forma de intelectualismo, su obsesión por reglamentar la práctica totalidad de los comportamientos privados de los seres humanos, su empeño en humillar a las mujeres, su obstinación en negar la libertad de pensamiento, su intransigencia ante cualquier atisbo de crítica y su absoluta carencia de respeto hacia los pilares fundamentales de nuestra civilización son motivos más que suficientes para que pasemos a ejercitar nuestra opción a la defensa. Y, fundamentalmente, nuestro legítimo derecho a protegernos de las imposiciones, de las amenazas, de las afrentas y de los ataques de estos clérigos fanatizados y obsesivos pasa por proteger, por proclamar, por clamar y, por supuesto, por imponer siempre que sea necesario la superioridad ética de nuestro laicismo, la elegante tolerancia de nuestra moral y el predominio de nuestras leyes. Es decir, todo lo que no han hecho los responsables de la ópera de Berlín.
Una vez más, el silencio de la mayor parte de los intelectuales europeos ante esta afrenta a la libertad ha sido muy estentóreo. Por el contrario, es de alabar y de valorar en su justa medida el comportamiento de la canciller alemana Angela Merkel, que está convirtiéndose a marchas forzadas en una estadista de gran envergadura, quien no ha dudado en señalar que “tenemos que tener cuidado de no retroceder cada vez más por miedo a los radicales violentos". Karen Jespersen y Ralf Pittelkow, dos políticos socialdemócratas daneses que han convertido en un éxito de ventas un libro en el que denuncian la ingenuidad de muchos demócratas europeos ante el radicalismo islámico, lo han expresado también con gran acierto: “Nazismo, comunismo e islamismo son ideologías totalitarias que pretenden invadir hasta los más mínimos detalles de la vida y hay que plantarles cara con nuestros valores”.
www.gonzalez-zorrilla.com

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