martes, 17 de octubre de 2006

La estupidez creacionista

En el libro “El puzzle de Jesús”, del investigador norteamericano Earl Doherty, se incluye un rotundo texto para denunciar cómo las doctrinas creacionistas, que tanto auge están teniendo ahora en Estados Unidos, solamente sirven para impulsar el regreso del ser humano a las cavernas y como artimaña doctrinal para que nuestras sociedades laicas, democráticamente avanzadas y herederas de la gran tradición de libertad que apareció con la Ilustración francesa del siglo XVIII queden culturalmente anquilosadas e intelectualmente diezmadas. El creacionismo, como el principal de sus hijos, el diseño inteligente, solamente es la versión políticamente correcta del más cruel de los fanatismos religiosos, del antintelectualismo más obsceno y de la apuesta por la ignorancia y la incultura.
Patterson, uno de los personajes más y mejor definidos del libro de Doherty, describe perfectamente qué es lo que hasta ahora ha conseguido el creacionismo: “El menosprecio del orgullo humano y de la iniciativa, el rechazo de todo el concepto de sabiduría humana. Consagramos las palabras de una colección de textos antiguos y primitivos como si proporcionaran respuestas exclusivas e irrefutables sobre el universo, en lugar de apreciar la investigación científica moderna y nuestro intelecto. Santificamos la denuncia de la razón y del pensamiento crítico. Devolvemos a las mujeres a la cocina. Enviamos a la oscuridad exterior a una parte importante de la Humanidad (hombres y mujeres por su innata orientación sexual). Construimos el edificio científico del siglo XXI, Biología, Antropología, Genética, Geología, Paleontología, Arqueología, Astronomía, Física, alrededor de un mito antiguo que dice que un creador produjo de la nada esos billones de soles hace solo seis mil años; que la infinita multitud de formas de vida que vemos a su alrededor son un capricho suyo, que todos los depósitos geológicos, así como los fósiles extintos, se depositaron durante un diluvio universal hace unos cuantos miles de años en el que ocho seres humanos sobrevivieron construyendo un barco con madera de tintóreo, de ciento cincuenta metros de largo, para albergar a todas las criaturas de la Tierra, y que todos los seres humanos y formas animales que cubren el planeta hoy en día descienden de los moradores de esta expedición acuática que tocó tierra en el monte Ararat”.
“Cada mejora en las condiciones de vida, en la salud, en el control humano del medio ambiente, ha surgido de la aplicación de la ciencia y el método científico, incluso si se utilizaba de forma instintiva, porque alguien le ha dado valor a nuestra felicidad en estos cuerpos y en este mundo. En cuanto se denigra esa felicidad, o se postula una deidad que tiene otros planes para nosotros, se condena a los pararrayos por frustrar el propósito punitivo de Dios al enviar la tormenta, o se le niega a alguien el derecho a poner fin a una enfermedad terminal dolorosa dejando su vida como crea conveniente. ¿Dónde hay un solo avance en tecnología o una sola comprensión de la naturaleza que hayamos alcanzado centrándonos en el mundo espiritual ? ¿La creencia en los ángeles ha evitado que una persona se ahogue, que se estrelle en un avión o que muera de una enfermedad? ¿Encontraremos una cura para el cáncer entrando en una relación personal con un salvador? ¿Y qué pasa con el misticismo oriental? ¿Nos ha ayudado a comprender el funcionamiento del átomo o el origen de la vida? En cuanto a los interminables libros de Shirley MacLaine sobre la reencarnación, o la industria que a partir de Celestine ha creado James Redfield, ¿han contribuido un ápice a la mejora de la condición humana, aparte de la condición de sus propias cuentas corrientes?
(“El puzzle de Jesús”, Earl Doherty, Ed. La Factoría de Ideas, 2006. Pag 219 y 221)
Por cierto, que en Valladolid (España), algunos padres quieren mantener la cruz cristiana en las escuelas públicas. Estemos sobre aviso porque, en otros lugares, así empezó todo.
http://www.gonzalez-zorrilla.com/

1 comentario:

  1. Anónimo4:57 a. m.

    el último comentario es demagógico: en Valladolid es en el único lugar (o en el primero, si se queire), donde unos padres laicos han denunciado que haya crucifijos en las aulas, lo que en modo alguno quiere decir que en el resto de España no los haya, crucifijos, sino que lo que probablemente no haya sean padres que denuncien esa situación, quizá por comodidad, por pereza, por miedo, por desidia, porque "da lo mismo"... O sea, que la información está "dada la vuelta".

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