miércoles, 28 de febrero de 2007

Juan Manuel de Prada


No he leído ninguna obra mayor (novela, relato, etc.) del escritor Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1960), pero le sigo habitualmente en los artículos que escribe en el diario ABC y creo que es un escritor preciso, elegante y poseedor de una cadencia narrativa que, personalmente, me resulta literariamente muy agradable. Creo que puedo considerarme un lector asiduo de Juan Manuel de Prada en su faceta periodística, a pesar de que no estoy en absoluto de acuerdo con el trato exquisito, y en mi opinión absolutamente desmedido, que dirige a la Iglesia Católica y con el punto un tanto provocador que en ocasiones detecto en sus críticas constantes a determinadas posiciones de izquierda. Ciertamente, lo que siempre hemos entendido por la progresía europea y, muy especialmente, la progresía española, desde la caída del Muro de Berlín ha entrado en una confusión doctrinal, ideológica e intelectual tan profunda, y en ocasiones tan aberrante, que es merecedora de todo tipo de sátiras y diatribas, pero esto no es óbice para que, por ejemplo, haya que oponerse por decreto a determinadas políticas de corte social, a mi juicio muy acertadas, como, por ejemplo, las que permiten el matrimonio a personas del mismo sexo.
Pero, de cualquier modo, esto no tiene importancia. Lo que quiero decir es que, si de mi decisión dependiera, el Premio Nacional de Periodismo de este año ya tendría un ganador en la figura de Juan Manuel de Prada por dos artículos excelentes que ha publicado en lo que llevamos de 2007.
El primer de ellos, publicado en ABC el pasado 20 de enero, lleva por título “Destruirse desde dentro”, y es un alegato magistral a favor de que los ciudadanos occidentales, de una vez por todas, comencemos, primero a apreciar como se merece y luego a defender con firmeza, todo aquello que convierte a nuestras sociedades en un modelo ético, político, cultural y económico para el resto del mundo. De este texto, cito un párrafo demoledor: “El problema para Occidente comienza cuando se muestra incapaz de defender los valores que fundan su ordenamiento jurídico, cuando descree de los hitos que han propiciado su progreso, cuando reniega de la moral que ha humanizado su convivencia; cuando, en definitiva, se niega a sostener la supremacía de su orden social y, a cambio, se abandona a un aguachirle de necedades merengosas que, bajo el marbete de Alianza de Civilizaciones o de cualquier otra majadería limítrofe, prefiguran la rendición.”. El segundo artículo al que me refiero lo ha publicado Juan Manuel de Prada en “El Semanal”, la revista dominical del Grupo Vocento, y se titula “Noche y día”, y es un artículo precioso en su ingenuidad, en su inocencia y también, creo, en su sinceridad, que narra la historia de un gran amor imposible.

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