miércoles, 14 de febrero de 2007

Los islamistas y Giovanni Sartori


El pensador italiano Giovanni Sartori, excepcional politólogo, penetrante sociólogo, autor de más de treinta libros de los más variados géneros y uno de los pensadores europeos más lúcidos es un hombre sabio pero, sobre todo, es una de esas personas claves en el adocenado panorama de las ideas y de la cultura que caracteriza hoy al continente europeo. Su hondo espíritu liberal, su defensa a ultranza de la democracia y de las libertades individuales, su apuesta sin fisuras por el laicismo y su integridad a la hora de expresar sus opiniones con absoluta independencia de cualquier tipo de poder le han hecho merecedor de múltiples reconocimientos, entre los que destaca el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales que recibió en 2005. En este sentido, y con relación a este reconocimiento, los islamistas españoles, representados por el presidente de la Junta Islámica, Mansur Escudero, han solicitado recientemente a la Fundación Príncipe de Asturias que le sea retirado el galardón a Giovanni Sartori porque considera que algunas declaraciones de este escritor, con respecto a los ciudadanos musulmanes, son “xenófobas y antidemocráticas”.
Lo que probablemente quiere denunciar Mansur Escudero, antiguo comunista que con su conversión al Islam ha cambiado su sumisión a un proyecto totalitario estalinista por el acatamiento de una religión monoteísta que si por algo se caracteriza es por su profunda aversión a los sistemas democráticos occidentales, es que Giovanni Sartori es responsable de afirmaciones que muchos suscribimos íntegramente y que, por supuesto, al responsable de la Junta Islámica en España no gustan absolutamente nada. Pero es que cuando Giovanni Sartori afirma, contradiciendo a tanto idiota con ínfulas de intelectual como actualmente pulula por Europa, que los orígenes del terrorismo islamista no se encuentran en la pobreza o en la opresión y sí en “el fanatismo religioso, el fundamentalismo y la exacerbación” o cuando señala que “Occidente ha infravalorado o malinterpretado el problema del terrorismo islámico”, solamente está definiendo, con absoluta exactitud, el actual estado de la cuestión: el terrorismo islamista es, actualmente, un terrorismo de carácter fundamentalista producto de una religión que, al no haber desarrollado aún un proceso profundo de secularización, se mantiene, en su mayor parte, como un proyecto espiritual ferozmente asilvestrado y exaltado. Mientras Mansur Escudero, y tantos Mansur Escudero como existen en el mundo, no hagan una declaración explícita de acatamiento de los órdenes democráticos occidentales, mientras estos enturbantados ideológicos no realicen una afirmación pública de respeto a la laicidad que caracteriza a nuestras sociedades y mientras los musulmanes que viven en Europa no demuestren, tanto individual como colectivamente, su absoluto respeto por las características políticas, sociales y culturales que constituyen el pilar fundamental de nuestros Estados, las palabras de Giovanni Sartori seguirán resonando con absoluta rotundidad: “las sociedades liberal-democráticas han nacido en oposición a las guerras de religión (...). Hemos construido un mundo ético-político laico. Fundado sobre la expresión de la voluntad popular. Que no significa abominar de Dios. (...) Porque creo en la división entre el Estado y la Iglesia. Gracias a Dios...”

Nota: Las citas de Giovanni Sartori que se recogen en este post están tomadas de una entrevista con el escritor realizada por Rubén Amón para el periódico “El Mundo”. Para leer la entrevista, clicar aquí

1 comentario:

  1. jacobino4:59 p. m.

    Este país llamado España está lleno de gentes bienpensantes -modelo presidente Zapatero- que se cree que para que no existan los problemas basta con no admitir que hay problemas. La emigración, aparte de su dimensión económica, tiene una dimensión social altamente conflictiva -ver Getafe, El Ejido, Cataluña y otros muchos sitios- que es preciso tener en cuenta para prevenir con medidas de gobierno. Pero esta panda de bambis que gobierna no lo quiere admitir. Y cuando alguien advierte de esos problemas, como hace Sartori o como hizo hace cinco años Mikel Azurmendi, es linchado por el pensamiento flácido dominante.

    Ni siquiera se dan cuenta que los primeros que perderán votos por esos conflictos son los partidos de izquierda. Ahí está Francia, con Le Pen recibiendo votos comunistas desde hace años.

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