miércoles, 21 de marzo de 2007

Aurelio Arteta: Un ejemplo moral


Conocí a Aurelio Arteta, catadrático de filosofía moral en la Universidad del País Vasco, hace ya más años de los que puedo contar pero recuerdo con nitidez que desde un primer momento me llamó la atención su incisiva capacidad para analizar la situación del País Vasco, su valor a la hora de denunciar públicamente tantas barbaridades como se han competido en este país y, sobre todo, su habilidad para diseccionar tantas mentiras como el nacionalismo ha reiterado inagotablemente en Euskadi con el convencimiento de que una falsedad mil veces repetida termina convirtiéndose en una solemne verdad. Aurelio Arteta, escritor brillante y articulista rontundo, es un hombre sabio que hoy vive muy cerca de Pamplona y que sigue desmontando incansablemente las trampas éticas y las estafas morales a las que nos abocan los terroristas, los portavoces alegales de los terroristas y, sobre todo, quienes afirman que luchan contra los terroristas mientras, invariablemente, se posicionan siempre más cerca de los verdugos que de sus víctimas.
He recordado hoy al autor de libros como “A diestra y siniestra”, “Tolerancia o barbarie” o, más recientemente, “La virtud de la mirada” porque acabo de leer una larga entrevista que el suplemento cultural del diario ABC ha publicado con este escritor y he podido comprobar que Aurelio Arteta sigue siendo, quizás, el autor que más certeramente ha denunciado la actual crisis de valores por la que atraviesa la sociedad occidental y que mejor ha desmontado los muchos y falsos mitos que rodean al relativismo intelectual y al eslogan perverso del “todo vale” cultural. A la excelente entrevista que Alfonso Armada realiza a Aurelio Arteta pueden acceder, integramente, desde aquí, pero no puedo evitar reproducir un párrafos ejemplar de la misma: “Aludo a la llamada crisis de valores, a ese «todo vale», que en realidad significa que nada propiamente vale. Que ya no hay disposición a cuestionar el valor de nuestras conductas, ideas o creencias; que está de más tanto atacarlas como defenderlas, puesto que al parecer todas son aceptables. Y, como alguien pusiera en duda las mías, le replicaría que me está faltando al respeto y que estoy en mi perfecto derecho de decir o hacer lo que quiera. Fíjese en cómo hoy se confunde lo «valioso» con lo «válido» o que cuenta con algún permiso. Lo legal se ha tragado a lo moral: la persona de fiar ha pasado a ser un «tipo legal». Vivimos una época en que se evita el esfuerzo por aportar la justificación de nuestras preferencias políticas o morales. Estamos llenos de tópicos como que «no hay que juzgar a nadie», porque así me libro de ser juzgado e impido que sean examinadas mis opiniones. O que algo «no es ni mejor ni peor, sino sólo diferente». Si lo diferente es valioso nada más que por ser diferente, la tarea de establecer una jerarquía entre las acciones u opiniones conforme a su valor pierde sentido. O eso de «pero no pretenderá encima tener razón, no pretenderá usted convencerme». Pues claro que aspiro a tener razón, por supuesto que pretendo convencerle; si no, no estaríamos hablando... A toda esa clase de clichés coincidentes en la negación o relativización de la verdad y del valor moral lo llamamos nihilismo”.

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