jueves, 15 de marzo de 2007

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) ha de ser más que una moda


La gestión empresarial y financiera es una actividad que se encuentra en evolución permanente y que permanece siempre atenta para adaptarse a los cambios más importantes que se producen en la sociedad.
En este sentido, y desde fechas recientes, a los elementos que intervienen en la dirección de una determinada compañía, independientemente del sector a la que ésta pertenezca, se le ha añadido un factor denominado Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que se define como un proceso en el que la empresa, de una manera voluntaria, incluye la preocupación social y medioambiental en sus operaciones globales y con el que busca tener un comportamiento empresarial responsable hacia las personas o grupos con respecto a los que actúa.
La responsabilidad social corporativa responde a demandas claras y actuales de la sociedad y su importancia exige que sea integrada como un activo prioritario de las compañías y de los profesionales que trabajan en ellas.
El surgimiento de la RSC como un valor estratégico para cualquier actor que desee jugar un papel protagonista en el mundo de la economía y de la empresa, hay que buscarlo en las irregularidades que durante los últimos años han salpicado a grandes corporaciones, compañías auditoras, entidades de inversión, organismos reguladores y, en general, a elementos básicos del sistema económico y financiero. Frente a estos comportamientos escasamente responsables que han dado como resultado escándalos de todos conocidos y que han minado la confianza de los ciudadanos en el funcionamiento del sistema, la RSC aparece hoy como una forma diferente de intervenir en el ámbito económico bajo la idea principal de que la empresa, tenga ésta el carácter que tenga, es un proyecto creado por personas, para su propio desarrollo y el de su entorno. De este modo, la legitimidad de la empresa dentro de la sociedad ha de reafirmarse con comportamientos consecuentes que prioricen el hecho de que, fundamentalmente, se trata de cambiar el paradigma, buscando obtener valor añadido por medio del beneficio previo de los demás, y no tratando de obtener el beneficio colectivo después del beneficio propio.
Más concretamente, detrás de lo que se ha definido como responsabilidad social corporativa se encuentra una opción ética que se asienta sobre cuatro pilares básicos: Legitimidad institucional, que apela a la empresa a no defraudar las expectativas que la sociedad tiene puestas sobre ella; Responsabilidad organizativa, que insiste en el hecho de que la compañía ha de trasladar a la sociedad parte de sus beneficios y responder ante la misma de los impactos negativos que su actuación pueda ocasionar en el entorno; Conciencia de liderazgo, que implica que, detrás de cualquier toma de decisiones, los directivos de la organización siempre han de hacer prevalecer la reflexión moral y su opción por determinados valores éticos; y, finalmente, y para mí el que sin duda es el aspecto más importante, destaca lo que podemos definir como Función ejemplarizante, que ha de asumir que las empresas y las organizaciones son actores primordiales y tremendamente expuestos a la mirada pública en las sociedades globalizadas y que, por lo tanto, han de convertirse en agentes activos para generar comportamientos y valores satisfactorios y modélicos para los ciudadanos.

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