miércoles, 28 de marzo de 2007

Sobre el velo islámico

La cada vez más abundante presencia en nuestras calles de mujeres musulmanas con distintos tipos de velo ha abierto en nuestro país un debate, acerca de la necesidad de limitar legalmente o no la utilización de este tipo de prendas, que ya lleva vigente en otros países de Europa desde hace unos años.

Personalmente, soy muy reticente a contemplar en los espacios públicos a personas ataviadas con prendas que tienen un carácter religioso, aunque también creo que nuestras democracias han de ser lo suficientemete flexibles y tolerantes para permitir que los nuevos ciudadanos que llegan de otros lugares del mundo utilicen los atavíos que deseen. Ahora bien, creo que en nuestras sociedades occidentales en general, y en España en particular, el empleo público de estas indumentarias ha de estar limitado, principalmente, a que dejen al descubierto los rostros de las personas que los portan. En nuestras sociedades occidentales y democráticas, mostrar el rostro públicamente no solamente es un símbolo básico de respeto, sino que también es un símbolo de normalidad, de igualdad, de reconocimiento y de integración. Por supuesto, el descubierto de los rostros también es un valor añadido para la seguridad colectiva. En este sentido, creo que no hay ningún motivo para impedir en nuestros espacios la utilización de velos como el “hijab” o el “al-amira” (que dejan plenamente al descubierto el rostro de las mujeres que lo portan) pero, por el contrario, creo que es necesario prohibir radicalmente que mujeres musulmanas se paseen por nuestras calles portando el horror del “niqab” o del “burqa” (velos que en sus versiones más extremas ocultan absolutamente el cuerpo de las mujeres).

Por otro lado, creo que la utilización de velos en las escuelas o en cualquier tipo de centros públicos, educativos o no, debe estar regulada por la prohibición, tal y como se ha hecho en Francia, de “exhibir símbolos religiosos ostentosos”. De este modo, pienso que un “hijab”, al igual que una pequeña cruz, el colgante de una estrella de David o una marca sij deben permitirse al igual que se permiten otros símbolos políticos o culturales de corte más occidental. Ahora bien, creo que, por el contrario, la utilización de símbolos religiosos escandalosos, que es como definiría al empleo de velos que cubren completamente el cuerpo de las mujeres, ha de estar radicalmente prohibida, de la misma forma que creo que nadie ha de poder entrar en una universidad vistiendo una túnica de monja o blandiendo el pequeño puñal que es símbolo religioso de los hombres sijs.

Se trata, en definitiva, de que la utilización de cualquier símbolo religioso esté sujeta a las costumbres, limitaciones y exigencias de los Estados laicos y democráticos y que, por encima de todo, no ocurra al revés, y que sea el fanatismo y la cerrazón religiosa la que se imponga em nuestras sociedades libres, tal y como ya ha ocurrido puntualmente en algunos países europeos.

Fotografía: Mujeres islámicas vistiendo el “burqa” en un centro comercial de Madrid. (Fuente de la imagen: www.elmundo.es)



1 comentario:

  1. Escrito en Roma el 08-02-08, con referencia a la “luz verde” para utilizar velo en la universidades turcas.



    Aletheia

    El uso del velo precede al islamismo. Va de la mano -o del brazo- del nacimiento del erotismo.

    También la filosofía fue definida -modernamente por Martin Heiddeger- como aletheia; término griego que significa desocultamiento.

    Las religiones y demás sistemas ideológicos son meras respuestas a un vacío incolmable en la experiencia de la civilización. Constituyen respuestas más o menos legítimas a la angustia.

    El maniqueísmo tiene extensión universal: cuando el oriente –islámico- incurre
    en una contradicción estructural, occidente –no sé cómo calificarlo- sale a
    protegerlo; lo cual constituye la contradicción del occidente. Un paso más:
    dividir al mundo entre oriente y occidente no deja de poseer connotaciones
    maniqueas. En este sentido, demonizar al islamismo es hacerle propaganda.

    Y esto sí lo digo en serio: quizás cuando las chicas noten que las que van con
    velo tienen más éxito, se imponga una nueva moda.

    Carlos Norberto Mugrabi

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