jueves, 12 de abril de 2007

¿Se atreverán los intelectuales occidentales a defender a Occidente?

En un texto extraordinario en el que rememora el tiempo de exclavitud que pasó en Kabul tras casarse con una ciudadano afgano a quien conoció en Estados Unidos, la psiquiatra norteamericana Phyllis Chesler pone de manifiesto cuál es la auténtica situación de la mujer en los países islámicos y, sobre todo, denuncia con una claridad paralizante hasta qué punto una interpretación rancia y fanatizada del Islam está convirtiendo una parte importante del mundo en una dictadura teocrática que deja en un auténtico juego de niños a otro tipo de Gobiernos autoritarios.

Día tras día, la propaganda que busca el resurgir mítico del gran Islam, desde La Meca-Al Andalus, recorre el mundo y el terrorismo islamista se extiende por Europa y los países norteafricanos al mismo tiempo que la población musulman crece en los países de la Unión Europea a unos ritmos difícilmente asumibles por las sociedades occidentales. Hay que decirlo nuevamente: el problema no está en el origen geográfico o racial de los individuos sino en el hecho de que repetidamente se está demostrando, en Madrid, en Londres, en Amsterdam o en París, la incapacidad de una parte importante de la población musulmana para aceptar, asumir y respetar principios democráticos fundamentales que conforman los pilares básicos de nuestros sistemas de convivencia.

Hay que destacar como un elemento positivo que ya comienzan a escucharse voces provenientes del mundo árabe que apuestan por encarrilar al islam por la senda de los valores de la libertad, la tolerancia y la igualdad. El presidente de la Conferencia Islámica celebrada el pasado año en Floridad, Ibn Warraq, declaró en la misma: "Lo que necesitamos en estos momentos es que el mundo islámico experimente una Ilustración. Si no se le somete a un examen crítico, el islam seguirá siendo dogmático, fanático e intolerante; seguirá asfixiando el pensamiento, los Derechos Humanos, la individualidad, la originalidad y la verdad". Y esta misma Conferencia emitió una declaración en la que se aboga por una nueva Ilustración, se dice que someter el islam a crítica no es "islamofobia" y se vislumbra un "noble futuro" para el islam "como fe personal, no como doctrina política". Asimismo, se demanda la liberación del islam del cautiverio al que lo han sometido "las ambiciones de hombres ávidos de poder".

En este sentido, Phyllis Chesler pone el dedo en la llaga al denunciar la debilidad ética, la flojera política, la evanescencia ideológica y, en fin, el relativismo socio-cultural que atenaza a muchos de los principales intelectuales europeos que, a pesar de todo, cuestionan la supremacía moral de Occidente y niegan los valores de progreso, desarrollo y civilidad que caracterizan a los países democráticos antes que comprender que el mundo desarrollado se enfrenta, una vez más, a uno de esos grandes desafíos a los que la historia nos tiene acostumbrados. ¿Civilización o barbarie?.

Phyllis Chesler lo tiene claro: “Debemos adoptar un patrón universal de Derechos Humanos y abandonar nuestra lealtad al relativismo multicultural, que justifica y hasta idealiza la barbarie islamista, el terrorismo totalitario y la persecución de las mujeres, de las minorías religiosas, de los homosexuales y de los intelectuales. Nuestro repugnante rechazo a decidir entre civilización y barbarie, entre racionalismo ilustrado y fundamentalismo teocrático, pone en peligro y condena a las víctimas de la tiranía islámica.”

Leer íntegro texto de Phyllis Chesler

En la imagen, la Doctra Phyllis Chesler

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