martes, 5 de junio de 2007

De los etarras, sus cómplices y otros responsables

La banda terrorista ETA anuncia que vuelve a asesinar y, nuevamente, las calles vascas se ven sumergidas en un clima de silencio, terror y miedo que muchos ciudadanos percibimos muy bien porque es lo único que hemos conocido desde que nacimos en esta tierra éticamente baldía y moralmente imberbe. Nuavemente, el frío se extenderá por las ciudades de nuestro entorno porque cuando los criminales y sus cómplices andan sueltos algunos hombres y mujeres de este país sentimos permanentemente un escalofrío en las espaldas, un aliento gélido en la nuca y una sensación helada que acompaña a nuestras sombras. Sobre todo, somos otra vez conscientes de que la frontera que separa la vida y la muerte es tan leve, tan breve y tan fácil de quebrar que es sufiente con que un adolescente amamantado por una ideología ultranacionalista, integrista y totalitaria reciba una orden de matar para que una o varias personas buenas, decentes y libres dejen de existir. Para siempre.

Efectivamente, la banda terrorista ETA es la primera y última responsable de sus actos. Pero esta responsabilidad suprema que lógicamente recae en los asesinos no ha de hacernos obviar las acciones de tantos individuos, partidos, organizaciones e, incluso, instituciones como están contribuyendo a crear el caldo propicio para que los crímenes se sigan reproduciendo a lo largo de las décadas, de los siglos ya.

Los asesinos son los que disparan o los que colocan un coche bomba. Pero luego están los cómplices políticos de los terroristas agazapados bajo las siglas de Batasuna o ANV y, por supuesto, están los nacionalistas radicales del PNV, EA o Nafarroa Bai que siempre están mucho más prestos para situarse cerca de los criminales que de sus víctimas y que, consecuentemente, entienden que la violencia es como una lluvia impenitente y desagradable, que nunca les empapa a ellos, y cuyas causas siempre hay que encontrarla en “toda la sociedad vasca” y nunca en los verdugos.

Los asesinos son los que disparan o los que colocan un coche bomba. Pero el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero debe hacerse definitivamente responsable de tantos errores, tropelías, abusos, injusticias y desvergüenzas como ha cometido en su relación con la organización criminal. Este Ejecutivo ha abierto una negociación política con los etarras y sus cómplices alegales; ha presionado a las instituciones democráticas para defender los intereses de los sanguinarios por encima de las reclamaciones de justicia de las víctimas; se ha alíado con los partidos nacionalistas más radicales, totalitarios y retrógrados para converger en objtivos políticos con los asesinos y, por si todo esto fuera poco, no ha dudado en legitimar a ETA y a sus apologetas de paisano en las instituciones europeas. Pero lo peor de todo es que el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero ha paralizado durante más de un año la lucha policial contra ETA, ha sembrado la confusión y la desilusión en los cuerpos de seguridad del Estado, ha hecho caso omiso de las fiables y acertadas informaciones que continuamente ha recibido de la Guardia Civil y, ha desestimado los reclamos insistentes de la policía francesa en el sentido de que los terroristas estaban preparndo´lo todo para volver a matar. Las consecuencias de todo esto, tras 15 meses de tregua trampa en la que José Luis Rodríguez Zapatero ha caído jactándose de su propia ignorancia y estupidez, no son pocas: la banda terrorista ETA se encuentra hoy mucho más organizada y fuerte que hace un año y medio; el tejido social de apoyo a los criminales en las calles del País Vasco se encuentra prácticamente como en sus mejores momentos gracias a la legitimidad política que el Ejecutivo ha proporcionado a la ilegalizada Batasuna y como consecuencia de la permisividad habida con las listas de ANV y, por si todo esto fuera poco, la comunidad navarra está más rendida al nacionalismo vasco que ayer gracias a los esfuerzos ímprobos que los socialistas están haciendo para justificar una alianza de poder con Nafarroa Bai.

En fin, que los asesinos son los que disparan o los que colocan un coche bomba. Pero algún día, y esperemos que no sea tarde, habrá que tomar medidas democráticas contra tanto político, analista, intelectual, periodista y sacerdote comprensivo, condescendiente y tolerante con los terroristas como hay en este país.

www.gonzalez-zorrilla.com

Más información sobre este tema en mi Blog del País Vasco

1 comentario:

  1. Veo que somos mayoría los que defendemos la libertad y la paz que los que defienden el uso del terror como arma. Pásate por mio reciente creado blog. saludos

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