viernes, 8 de junio de 2007

Padeciendo el relativismo

Desde finales del pasado siglo, y como fruto de la estrepitosa caída de los grandes referentes ideológicos que habían predominado en Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha instaurado en Europa un nebuloso relativismo moral que, asentado en vacuos principios generales sin ninguna validez ética, se empeña en contemplar los acontecimientos con una indolencia, una apatía y una indiferencia rayana con la más absoluta irresponsabilidad.

Bajo el empuje de un puñado de ideas fuerza manidas, frívolas y baladíes, "todas las opiniones son iguales", "los problemas se solucionan con el diálogo", "hay que tender a la cooperación y no al enfrentamiento", etc, la ideología políticamente correcta pasa por evitar los problemas ignorándolos, minimizándolos o, en el peor de los casos, ocultándolos. Paralelamente, se estigmatiza a quien se atreve a levantar la voz y reclamar medidas eficaces que sirvan para defender nuestra forma de vida, nuestras instituciones y a nuestros ciudadanos de los múltiples ataques que éstos sufren desde los más diversos ámbitos.

En este sentido, los artífices del pensamiento débil, del progresismo de salón y del compromiso difuso son, por ejemplo, aquellos que afirman que el problema del terrorismo se resuelve hablando (¿con quién?, nos preguntamos algunos), los que abarrotan las tribunas de opinión denunciando que son los males de la sociedad occidental los que crean fanáticos islamistas (y no el sometimiento a una religión y unas costumbres totalmente dogmáticas y reaccionarias) o los que, por ejemplo, afirman con naturalidad satisfecha que las algaradas callejeras que un día sí y otro también impulsan los jóvenes franceses inmigrantes de tercera generación son debidas a que el Estado galo no ha apoyado su inserción en la sociedad (y no a la negativa de éstos a participar en los procesos de escolarización, socialización y culturización puestos en marcha por el Estado francés).

Los relativistas de la política o de la cultura, esos hombres y mujeres que con ignorancia supina y atrevimiento máximo afirman sin sonrojo que la razón siempre se encuentra en el punto medio que separa a las víctimas de los verdugos, son también hijos de una sociedad opulenta poco acostumbrada a valorar los esfuerzos colectivos y, sobre todo, nada preparada para apreciar la inmensa tarea de reflexión política, de evolución intelectual, de esfuerzos compartidos y de ilustración colectiva constructiva que se esconde detrás de los regímenes de libertades que actualmentedisfrutamos. Pero, sobre todo, son el producto humano más prototípico de un tiempo aciago, nuestra omnipresente actualidad, en el que la memoria histórica ha desaparecido para dejar paso a un presente perpetuo que obliga a ser disfrutado, a ser aprovechado, a ser vivido sin cortapisas ni impedimentos: el futuro siempre está garantizado para estos hombres y mujeres absolutamente carentes de recursos para afrontar cualquier sacrificio colectivo y acostumbradas a disfrutar de un absoluto relajamiento y de una profunda laxitud de las leyes, de las costumbres, de las exigencias éticas y de las demandas ciudadanas. Definitivamente, ha llegado ya el momento de preguntarnos si con estos mimbres vamos a poder mantener firmes los pilares fundamentales que mantienen a nuestras sociedades occidentales.

www.gonzalez-zorrilla.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...