miércoles, 29 de agosto de 2007

¿Qúe es el arte?

Algunas de las “obras” por las que más dinero se ha pagado en los mercados internacionales del arte son poco más que un montón de basura apelotonado en una sala de exposiciones; algunos de los grandes “artistas” que protagonizan los gigantescos escaparates pictóricos de Londres y Nueva York apenas son unos cuantos imbéciles arropados por los falsos oropeles de los medios de comunicación; muchos de los actores esenciales que forman parte de ese gran escaparate internacional que forman los museos de arte contemporáneo y galerías privadas de medio mundo, pero especialmente de Gran Bretaña, Estados Unidos y China, simplemente son avispados comerciantes camuflados bajo el manto siempre sospechoso de lo exquisito, lo misterioso y lo incomprensible. Por ello, nadie debe llamarse a engaño al ver cadáveres disecados, vírgenes ensangrentadas, animales embalsamados o camas revueltas infectadas de condones en las principales salas expositivas del planeta.
Probablemente desde el momento en que Marcel Duchamp expuso un urinario y alcanzó con ello la inmortalidad, el arte contemporáneo solamente pervive como consecuencia de la superstición de los ignorantes, gracias a la insolencia creadora elevada a la categoría de mito y, sobre todo, en base a mucha desvergüenza de críticos, intermediarios, galeristas y funcionarios culturales que han rodeado a determinados artistas de un determinado halo de grrandeza que tiene muy poco que ver con la genialidad y que, por el contrario, está muy relacionado con el cinismo, el impudor y la más rotunda caradura.
Buena parte del arte que hoy se produce en Occidente ha olvidado su finalidad clásica de producir belleza para intentar generar, sobre todo, riqueza especulativa. Así, personajillos de medio pelo como Damien Hirst, Tracy Emin, Marc Quinn, Xiao Yu o tantas otros que nunca hubieran pasado de ser unos simples pillastres de barrio se han dedicado a la creación artística y han conseguido que, asentándose sobre la visión especulativa de los coleccionistas, las estrategias de marketing de los galeristas, la imbecilidad de los críticos y la estupidez de muchos papanatas culturales que abarrotan los museos para contemplar, por ejemplo, unos excrementos de elefente, el mundo del arte se convierta en lo que actualmente es: una cloaca infecta.
El periodista, crítico de cuestiones culturales y autor del libro “Los ochos pecados capitales del arte contemporáneo” (Ed. Almuzara), José Javier Esparza, lo ha expresado a la perfección: “El arte contemporáneo es una impostura en varios sentidos. El más visible es este: su circulación, su puesta en escena, su fama y, desde luego, su precio, ya no tienen nada que ver con el valor de la obra, sino que dependen del precio del mercado, de una portada de periódico o, simplemente, de que la obra circule de un lado para otro. ¿Culpables? Todos.”. (...) Se trata de miedo a no parecer 'in'. Es lo que lleva a tanta gente, y a tanta prensa, a saludar auténticas monstruosidades como creaciones geniales. Luego el mercado se encarga de atribuir un coste desmedido a esas cosas, y en nuestro mundo el coste se confunde con el valor. Puro nihilismo.”
¿Qué es el arte, hoy?, nos preguntamos. Una posible respuesta puede hallarse en este magnífico vídeo realizado por “espiralhomecinema”, en el que se reflexiona sobre esta cuestión con imágenes tomadas en la última edición de Arco, la gran Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid.



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