jueves, 8 de noviembre de 2007

La ciencia y la tecnología como bases del progreso, el bienestar y el desarrollo humano

En estos días en los que se está celebrando la Semana de la Ciencia es bueno recordar que la ciencia no solamente es la gran herramienta que mueve el mundo sino que el método científico, basado en las repeticiones experimentales, en la eliminación de los errores y en la extracción de conclusiones probadas, es el único válido para el planteamiento de teorías prácticas y ciertas sobre la realidad que nos rodea. Nunca la ciencia y la tecnología han estado tan avanzadas y tan extendidas como ahora pero, curiosamente, es hoy más que nunca, recién inaugurado el siglo XXI, cuando más hombres y mujeres apuestan por cuestionar el conocimiento científico y de los desarrollos tecnológicos para caer en brazos de los más irredentos irracionalismos.

En este sentido, el auge de las corrientes más fanáticas e integristas de las grandes religiones monoteístas; el impulso global que están recibiendo teorías descabelladas, ignorantes y profundamente fundamentalistas como el creacionismo o su familiar más directo, el diseño inteligente; el cada vez mayor convencimiento, existente en muchas personas de Occidente, de que la ciencia y la tecnología son realizaciones humanas peligrosas a las que hay que poner límites y frenos; la fuerte tendencia existente entre muchos ciudadanos por creer con firmeza en todo tipo de sucesos relacionados con el mundo mágico, paranormal, esotérico, misterioso e impenetrable; y, sobre todo, la creencia dominante de que cualquier tipo de idea, opinión, propuesta o afirmación que cuestione la realidad científica dominante ha de ser bien recibida, son aspectos que dañan profundamente el progreso científico, el desarrollo tecnológico y, sobre todo, la opinión que los ciudadanos tenemos de ambos.

La Semana de la Ciencia es un buen momento, como cualquier otro, para recordar que la ciencia y la tecnología son las bases fundamentales sobre las que se asienta el progreso, el bienestar y el desarrollo humano. Además, hay que insistir, machaconamente, en que ninguna persona puede considerarse mínimamente culta si no tiene un conocimiento básico de los principales rudimentos científicos y, sobre todo, hay que instar, una y otra vez, a que la sociedad asuma que la ciencia y la tecnología son la base de nuestra cultura, y no una parte desglosada o contraria de ésta. En este sentido, es preciso recordar que la dicotomía ciencia-humanismo, tan irresponsablemente utilizada y propugnada por demasiados y reconocidos hombres de letras, es una absoluta estupidez: ninguna persona puede estar suficientemente formada si no goza de una sólida educación científica que ha de comprenderse, gestionarse e interpretarse con una no menos consistente formación humanística. Eduquemos a nuestros hijos bajo este principio.

A continuación, incluímos un vídeo con uno de los más famosos comentarios realizados por Woody Allen sobre este tema.

www.gonzalez-zorrilla.com


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