miércoles, 5 de diciembre de 2007

La amabilidad, un bien demasiado escaso

El escritor Pedro Ugarte (en la fotografía) relata en “El País” una bella experiencia con una persona amable. Citamos algunos párrafos porque, hoy en día, la amabilidad es, efectivamente, un bien escaso. Demasiado escaso.

“Estaba en el supermercado, tenía que hacer la compra y cada sombra humana me parecía una agresión intolerable. Estaba cansado, irritado y hambriento. Encadenado a un carro rebosante, accedí a una de las cajas. La impaciencia me había convertido en alguien aún más malhumorado y egoísta de lo que suelo ser en condiciones normales. Pues bien, llegué hasta la cajera y, de forma completamente inopinada, di con un ángel.”

“Ella me trató desde el principio de "señor" y yo, que a medida que envejezco me voy quitando el pudor en estas cosas, no sólo no quise que me apeara el tratamiento, sino que empecé a tratarla de usted y a llamarla "señorita". Comprendí que su cortesía no me estaba especialmente dedicada, sino que era una gran profesional. Pero lo era hasta el punto de depositar cariño en su trabajo. Y la excelencia, en el caso de un trabajo tan monótono e ingrato como el suyo, pasaba sobre todo por ser agradable y servicial. Nada más diferente de la servidumbre que el servicio, y nada menos servil que ser servicial.”

“Si yo ponía varias de mis botellas en una bolsa de plástico ella me regañaba y ofrecía una bolsa más, temiendo que, de no hacerlo, la primera se desgarrara con el peso. También cuidaba de meter los congelados en la misma bolsa, permanecía atenta a los más mínimos detalles y no dejaba de tratarme con cortesía. Salí de allí con la sensación de que el mundo está compuesto por un inenarrable número de estúpidos, y que todo iría mejor si nos tratáramos como ella nos trataba. Su comportamiento me halagó y me dignificó. Y logró además que yo me comportara con la misma solicitud y con el mismo respeto que merecen los demás. Sin duda es imposible que ella recuerde nada pero, desmadejando el ovillo de la distancia y del tiempo, le envío este homenaje, este imposible testimonio de gratitud. La amabilidad sirve para hacernos algo mejores. Para hacernos mejores incluso a los que ya habíamos descartado esa posibilidad.”

www.gonzalez-zorrilla.com

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