Sus consultas sobre libros, cine, televisión, viajes, cultura y tendencias

viernes, marzo 30, 2007

Ian Buruma, Mira Milosevich y la guerra santa en Europa

Hace unos días, la escritora Mira Milosevich publicó una excelente crítica en el suplemento cultural del diario “ABC” sobre el último libro del escritor holandés, afincado en Nueva York, Ian Buruma. En su reciente trabajo, que navega entre la novela, el reportaje y el ensayo, Ian Buruma repasa el asesinato del cineasta holandés Theo van Goght por parte de Mohamed Bouyeri, un islamista marroquí que después de disparar al artista, corrió a degollarle.

En su análisis de la obra de Buruma, Mira Milosevich señala que, tradicionalmente, “la izquierda defendía valores universales, mientras la derecha se encastillaba en la identificación con las culturas nacionales. Sin embargo, durante la época de ascenso del multiculturalismo, la situación cambió por completo: actualmente la izquierda se ha convertido en particularista y antisemita, y la derecha defiende los valores de la Ilustración.” Sigue escribiendo Mira Milosevich que Buruma responsabiliza más a los europeos que a los inmigrantes del fracaso del multiculturalismo, “alegando factores de discriminación, paro y desarraigo” y que para este autor el límite de la tolerancia debe situarse en la frontera de lo que no es negociable: la igualdad de género y la separación de Estado e Iglesia.

Según explica Mira Milosevich, “Buruma preconiza que la única vía posible para la integración de los inmigrantes musulmanes en Europa pasa por defender con la ley los cimientos democráticos y las libertades de ésta, considerando la religión como un asunto privado. Los musulmanes, según Buruma, deben sentirse libres para interpretar sus textos religiosos, sin intromisión alguna del Estado en algo que pertenece al fuero de la conciencia. Por lo tanto, los límites de la tolerancia coincidirían con los límites de la libertad, porque, para el autor, la tolerancia consiste ante todo en la confianza en la libertad: en el principio de que cada uno, bajo el Estado de Derecho, puede practicar su cultura y su religión, no porque gocen éstas de la simpatía universal, sino porque nuestro modelo de sociedad está basado en la libertad del individuo.”

Leer íntegra la crítica de Mira Milosevich sobre el libro de Ian Buruma

En la fotografía, el cineasta holandés Theo van Goght, víctima del islamismo fanático

Etiquetas: , , , , ,

miércoles, marzo 28, 2007

Sobre el velo islámico

La cada vez más abundante presencia en nuestras calles de mujeres musulmanas con distintos tipos de velo ha abierto en nuestro país un debate, acerca de la necesidad de limitar legalmente o no la utilización de este tipo de prendas, que ya lleva vigente en otros países de Europa desde hace unos años.

Personalmente, soy muy reticente a contemplar en los espacios públicos a personas ataviadas con prendas que tienen un carácter religioso, aunque también creo que nuestras democracias han de ser lo suficientemete flexibles y tolerantes para permitir que los nuevos ciudadanos que llegan de otros lugares del mundo utilicen los atavíos que deseen. Ahora bien, creo que en nuestras sociedades occidentales en general, y en España en particular, el empleo público de estas indumentarias ha de estar limitado, principalmente, a que dejen al descubierto los rostros de las personas que los portan. En nuestras sociedades occidentales y democráticas, mostrar el rostro públicamente no solamente es un símbolo básico de respeto, sino que también es un símbolo de normalidad, de igualdad, de reconocimiento y de integración. Por supuesto, el descubierto de los rostros también es un valor añadido para la seguridad colectiva. En este sentido, creo que no hay ningún motivo para impedir en nuestros espacios la utilización de velos como el “hijab” o el “al-amira” (que dejan plenamente al descubierto el rostro de las mujeres que lo portan) pero, por el contrario, creo que es necesario prohibir radicalmente que mujeres musulmanas se paseen por nuestras calles portando el horror del “niqab” o del “burqa” (velos que en sus versiones más extremas ocultan absolutamente el cuerpo de las mujeres).

Por otro lado, creo que la utilización de velos en las escuelas o en cualquier tipo de centros públicos, educativos o no, debe estar regulada por la prohibición, tal y como se ha hecho en Francia, de “exhibir símbolos religiosos ostentosos”. De este modo, pienso que un “hijab”, al igual que una pequeña cruz, el colgante de una estrella de David o una marca sij deben permitirse al igual que se permiten otros símbolos políticos o culturales de corte más occidental. Ahora bien, creo que, por el contrario, la utilización de símbolos religiosos escandalosos, que es como definiría al empleo de velos que cubren completamente el cuerpo de las mujeres, ha de estar radicalmente prohibida, de la misma forma que creo que nadie ha de poder entrar en una universidad vistiendo una túnica de monja o blandiendo el pequeño puñal que es símbolo religioso de los hombres sijs.

Se trata, en definitiva, de que la utilización de cualquier símbolo religioso esté sujeta a las costumbres, limitaciones y exigencias de los Estados laicos y democráticos y que, por encima de todo, no ocurra al revés, y que sea el fanatismo y la cerrazón religiosa la que se imponga em nuestras sociedades libres, tal y como ya ha ocurrido puntualmente en algunos países europeos.

Fotografía: Mujeres islámicas vistiendo el “burqa” en un centro comercial de Madrid. (Fuente de la imagen: www.elmundo.es)



Etiquetas: , , , ,

miércoles, marzo 21, 2007

Aurelio Arteta: Un ejemplo moral


Conocí a Aurelio Arteta, catadrático de filosofía moral en la Universidad del País Vasco, hace ya más años de los que puedo contar pero recuerdo con nitidez que desde un primer momento me llamó la atención su incisiva capacidad para analizar la situación del País Vasco, su valor a la hora de denunciar públicamente tantas barbaridades como se han competido en este país y, sobre todo, su habilidad para diseccionar tantas mentiras como el nacionalismo ha reiterado inagotablemente en Euskadi con el convencimiento de que una falsedad mil veces repetida termina convirtiéndose en una solemne verdad. Aurelio Arteta, escritor brillante y articulista rontundo, es un hombre sabio que hoy vive muy cerca de Pamplona y que sigue desmontando incansablemente las trampas éticas y las estafas morales a las que nos abocan los terroristas, los portavoces alegales de los terroristas y, sobre todo, quienes afirman que luchan contra los terroristas mientras, invariablemente, se posicionan siempre más cerca de los verdugos que de sus víctimas.
He recordado hoy al autor de libros como “A diestra y siniestra”, “Tolerancia o barbarie” o, más recientemente, “La virtud de la mirada” porque acabo de leer una larga entrevista que el suplemento cultural del diario ABC ha publicado con este escritor y he podido comprobar que Aurelio Arteta sigue siendo, quizás, el autor que más certeramente ha denunciado la actual crisis de valores por la que atraviesa la sociedad occidental y que mejor ha desmontado los muchos y falsos mitos que rodean al relativismo intelectual y al eslogan perverso del “todo vale” cultural. A la excelente entrevista que Alfonso Armada realiza a Aurelio Arteta pueden acceder, integramente, desde aquí, pero no puedo evitar reproducir un párrafos ejemplar de la misma: “Aludo a la llamada crisis de valores, a ese «todo vale», que en realidad significa que nada propiamente vale. Que ya no hay disposición a cuestionar el valor de nuestras conductas, ideas o creencias; que está de más tanto atacarlas como defenderlas, puesto que al parecer todas son aceptables. Y, como alguien pusiera en duda las mías, le replicaría que me está faltando al respeto y que estoy en mi perfecto derecho de decir o hacer lo que quiera. Fíjese en cómo hoy se confunde lo «valioso» con lo «válido» o que cuenta con algún permiso. Lo legal se ha tragado a lo moral: la persona de fiar ha pasado a ser un «tipo legal». Vivimos una época en que se evita el esfuerzo por aportar la justificación de nuestras preferencias políticas o morales. Estamos llenos de tópicos como que «no hay que juzgar a nadie», porque así me libro de ser juzgado e impido que sean examinadas mis opiniones. O que algo «no es ni mejor ni peor, sino sólo diferente». Si lo diferente es valioso nada más que por ser diferente, la tarea de establecer una jerarquía entre las acciones u opiniones conforme a su valor pierde sentido. O eso de «pero no pretenderá encima tener razón, no pretenderá usted convencerme». Pues claro que aspiro a tener razón, por supuesto que pretendo convencerle; si no, no estaríamos hablando... A toda esa clase de clichés coincidentes en la negación o relativización de la verdad y del valor moral lo llamamos nihilismo”.

Etiquetas: , , ,

jueves, marzo 15, 2007

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) ha de ser más que una moda


La gestión empresarial y financiera es una actividad que se encuentra en evolución permanente y que permanece siempre atenta para adaptarse a los cambios más importantes que se producen en la sociedad.
En este sentido, y desde fechas recientes, a los elementos que intervienen en la dirección de una determinada compañía, independientemente del sector a la que ésta pertenezca, se le ha añadido un factor denominado Responsabilidad Social Corporativa (RSC), que se define como un proceso en el que la empresa, de una manera voluntaria, incluye la preocupación social y medioambiental en sus operaciones globales y con el que busca tener un comportamiento empresarial responsable hacia las personas o grupos con respecto a los que actúa.
La responsabilidad social corporativa responde a demandas claras y actuales de la sociedad y su importancia exige que sea integrada como un activo prioritario de las compañías y de los profesionales que trabajan en ellas.
El surgimiento de la RSC como un valor estratégico para cualquier actor que desee jugar un papel protagonista en el mundo de la economía y de la empresa, hay que buscarlo en las irregularidades que durante los últimos años han salpicado a grandes corporaciones, compañías auditoras, entidades de inversión, organismos reguladores y, en general, a elementos básicos del sistema económico y financiero. Frente a estos comportamientos escasamente responsables que han dado como resultado escándalos de todos conocidos y que han minado la confianza de los ciudadanos en el funcionamiento del sistema, la RSC aparece hoy como una forma diferente de intervenir en el ámbito económico bajo la idea principal de que la empresa, tenga ésta el carácter que tenga, es un proyecto creado por personas, para su propio desarrollo y el de su entorno. De este modo, la legitimidad de la empresa dentro de la sociedad ha de reafirmarse con comportamientos consecuentes que prioricen el hecho de que, fundamentalmente, se trata de cambiar el paradigma, buscando obtener valor añadido por medio del beneficio previo de los demás, y no tratando de obtener el beneficio colectivo después del beneficio propio.
Más concretamente, detrás de lo que se ha definido como responsabilidad social corporativa se encuentra una opción ética que se asienta sobre cuatro pilares básicos: Legitimidad institucional, que apela a la empresa a no defraudar las expectativas que la sociedad tiene puestas sobre ella; Responsabilidad organizativa, que insiste en el hecho de que la compañía ha de trasladar a la sociedad parte de sus beneficios y responder ante la misma de los impactos negativos que su actuación pueda ocasionar en el entorno; Conciencia de liderazgo, que implica que, detrás de cualquier toma de decisiones, los directivos de la organización siempre han de hacer prevalecer la reflexión moral y su opción por determinados valores éticos; y, finalmente, y para mí el que sin duda es el aspecto más importante, destaca lo que podemos definir como Función ejemplarizante, que ha de asumir que las empresas y las organizaciones son actores primordiales y tremendamente expuestos a la mirada pública en las sociedades globalizadas y que, por lo tanto, han de convertirse en agentes activos para generar comportamientos y valores satisfactorios y modélicos para los ciudadanos.

Etiquetas: , , ,

miércoles, marzo 07, 2007

En la muerte de Jean Baudrillard


El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard acaba de fallecer a los 77 años de edad dejando un hueco estelar, muy difícil de sustituir, en al análisis de la cultura contemporánea. Baudrillard, uno de los principales teóricos de la condición posmoderna y uno de los intelectuales que más rápidamente entendió el papel protagonista cobrado por los medios de comunicación a partir del último cuarto del siglo pasado, tuvo tiempo de escribir medio centenar de libros y miles de artículos entre los que, fundamentalmente, destacan los siguientes: “Cultura y simulacro”, “Las estrategias fatales” o “De la seducción”.
A lo largo de su trayectoria, este experto germanista articuló un discurso sólido con el que defendía que lo que entendemos por realidad solamente es, gracias a los medios de comunicación, una mediocre representación de lo realmente existente. Para Baudrillard, la prensa, y especialmente la televisión, crean un espacio virtual universal en el que una vez tras otra se ponen en juego y se debaten los grandes temas y los principales argumentos que jalonan la vida pública occidental, es decir, mundial. Para este escritor nacido en Reims, esta situación provoca que nos enfrentemos a una apariencia de lo real que, además, cuenta con el beneplácito de las grandes masas de consumidores y, por supuesto, con la complacencia de las grandes corporaciones mediáticas, contra las que el también autor de “La transparencia del mal” había desarrollado en los últimos años una crítica irónica y acerada.
La posmodernidad como territorio ideológico caracterizado por la pérdida de los modelos ilustrados, por la banalización de los referentes, por la frivolización de los mensajes y por la hipermultiplicidad de los discursos fue excepcionalmente prevista por Baudrillard quien, además, diseñó un lenguaje brillante, seductor, inteligente, muy críptico en ocasiones pero siempre incisivo y exacto, para describir lo que comenzaba a ocurrir en el mundo de la cultura a partir de la década de los ochenta y, especialmente, tras la caída del Muro de Berlín y la implosión y derrumbe del mito socialista como uno de los grandes relatos del pasado siglo XX.
Se puede o no estar conforme con las teorías de Jean Baudrillard, pero lo que no cabe duda es que con su reciente muerte se marcha uno de los pensadores europeos más brillantes de los últimos años y, sobre todo, una mente preclara y excepcionalmente lúcida para analizar, describir y poner orden en la inmensa complejidad que caracteriza a nuestro tiempo.













Etiquetas: , , , ,