viernes, 25 de enero de 2008

El Gobierno holandés veda el burka en los centros públicos (También debería prohibirse en la calle)


El Gobierno holandés tiene previsto prohibir en escuelas y centros oficiales el uso del “burka”, el velo musulmán que cubre totalmente el cuerpo femenino y que apenas deja una rejilla de tela para que las mujeres puedan ver. Del mismo modo, el Ejecutivo impedirá también portar el niqab, otro tipo de velo que sólo deja libres los ojos. Del mismo modo, tampoco se podrán llevar en esos lugares públicos pasamontañas, capuchas y cascos de moto con visera que oculten la cara. En mi opinión, decisiones de este tipo son las que han de ser tomadas por Occidente para hacer prevalecer la importancia suprema de nuestros valores convivenciales y, sobre todo, para marcar claramente los límites de la tolerancia a quienes solamente tienen como objetivo terminar con los principios de igualdad, laicismo y libertad que caracterizan a nuestras sociedades. Por otro lado, y en mi opinión equivocadamente, el Gobierno holandés modifica los planes del anterior Ejecutivo, de centro-derecha, y autoriza a portar este tipo de velos en la calle.

Personalmente, soy muy reticente a contemplar en los espacios públicos a personas ataviadas con prendas que tienen un carácter religioso, aunque también creo que nuestras democracias han de ser lo suficientemete flexibles y abiertas para permitir que los nuevos ciudadanos que llegan de otros lugares del mundo utilicen los atavíos que deseen. Ahora bien, creo que en nuestras sociedades occidentales el empleo público de estas indumentarias ha de estar limitado, principalmente, a que dejen al descubierto los rostros de las personas que los portan.

En Occidente, mostrar el rostro públicamente no solamente es un símbolo básico de respeto, sino que también es un símbolo de normalidad, de igualdad, de reconocimiento y de integración. Por supuesto, el descubierto de los rostros también es un valor añadido para la seguridad colectiva. En este sentido, creo que no hay ningún motivo para impedir en nuestros espacios la utilización de velos como el “hijab” o el “al-amira” (que dejan plenamente al descubierto el rostro de las mujeres que lo portan) pero, por el contrario, creo que es necesario prohibir radicalmente que mujeres musulmanas se paseen por nuestras calles portando el horror del “niqab” o del “burqa” (velos que en sus versiones más extremas ocultan absolutamente el cuerpo de las mujeres).

Se trata, en definitiva, de que la utilización de cualquier símbolo religioso esté sujeta a las costumbres, limitaciones y exigencias de los Estados laicos y democráticos y que, por encima de todo, no ocurra al revés, y que sea el fanatismo y la cerrazón religiosa la que se imponga em nuestras sociedades libres, tal y como ya ha ocurrido puntualmente en algunos países europeos.

www.gonzalez-zorrilla.com


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