jueves, 10 de enero de 2008

La vida en Ikea


Ikea, la tienda sueca de muebles, triunfa en todo el mundo porque sus productos, su forma de acercarse a los clientes, sus puntos de venta, su capacidad logística y su forma de ver el proceso comercial engarza directamente con el espíritu de nuestro tiempo.

Ikea nos gusta porque exacerba nuestro individualismo (“Bienvenido a la República Independiente de Tu Casa”), porque nos ofrece la máxima comodidad al mejor precio, porque lo económico de todo lo que nos brinda permite que redecoremos nuestro hogar tantas veces como queramos, porque el tiempo entre que compramos y podemos disfrutar de lo adquirido se ha reducido al máximo y porque, en fin, los puntos de venta Ikea están diseñados por auténticos cazatendencias que prevén mejor que nadie lo que necesitan o creen que van a necesitar los clientes. El gran éxito de Ikea no consiste solamente en responder a las demandas de los compradores sino que, fundamentalmente, estriba en la capacidad de esta marca para captar el aroma de la época y así predecir qué será lo que mañana querremos comprar.

Ikea es como nosotros o, mejor, es como nuestra vida. Individualista, cambiante, líquida, rápida, variable, portátil, global y libre de estereotipos. De hecho, esta marca global se confunde tanto con el centro de nuestras vivencias, con el hogar, que en un magnífico movimiento publicitario con escasos precedentes, una de las tiendas Ikea de Nueva York ha aceptado, durante algunas semanas, a un inquilino. Se trata de Mark Malkoff, un cómico de 31 años que trabaja para el canal de televisión Comedy Central. Mark tenía cucarachas en su casa, con lo que tenía que fumigarla y pasar varios días en un hotel. Una posibilidad realmente cara, sobre todo, tratándose de Manhattan. Ante esta situación, Malkoff se puso a pensar y decidió que la mejor solución era responder a uno de los eslóganes que la empresa fundada por Ingvar Kamprad mantiene en estos momentos en Estados Unidos: “¿Está preparado para sacarnos partido?” . Malkoff se aprovechó de la pregunta y, presto a exprimir la idea, pidió a Ikea que le alojaran mientras fumigaban su casa. La tienda ha aceptado.

Así las cosas, y según cuenta el diario “Cinco Dias”, Malkoff llegó el día 7 de enero a su nuevo hogar en Elizabeth (Nueva Jersey), confraternizó con el personal y probó distintas camas saltando frenéticamente sobre ellas hasta que decidió hacer de uno de los decorados de apartamento su hogar. Según sus cálculos, los 65 metros que ocupa este decorado costarían en Nueva York más de 3.000 dólares mensuales y a los medios ha explicado que es incluso más grande que su piso en Queens. Por su parte, la portavoz de Ikea, Mona Astra Liss, ha explicado que recibieron la petición de Malkoff hace varias semanas y que, tras conocerlo en persona y comprobar “que es muy agradable y persuasivo”, consideraron que podía ser una iniciativa divertida que daría al público una buena idea de lo que ocurre tras las bambalinas de la tienda. El comediante está narrando su día a día a través de un muy cuidado documental que se puede ver Youtube, y cuya primera parte reproducimos a continuación.

Nunca la vida con Ikea había sido tan fácil.



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