lunes, 11 de febrero de 2008

Eufrosina Cruz revela al mundo el totalitarismo de los “usos y costumbres” indígenas


Eufrosina Cruz Mendoza, de 27 años, se ha convertido en el referente de la lucha de las mujeres indígenas del Estado mexicano de Oaxaca, que reclaman el derecho a participar en la vida política, un derecho que la Constitución del país centroamericano les reconoce pero que los “usos y costumbres” indígenas no permiten.

La historia de esta joven comenzó cuando quiso ser alcaldesa de su pueblo, Santa María Quiegolani, un municipio donde el poder político se encuentra exclusivamente en manos de los hombres. Según cuenta el diario “El País”, “lo intentó, inscribió su candidatura al margen de la asamblea del pueblo, y sus papeletas acabaron en la basura”. La mujer no ha tirado la toalla y ha puesto en pie el Movimiento Quiegolani por la Equidad de Género, que crece como una mancha de aceite en tierras indígenas de Oaxaca y amenaza con extenderse a otros Estados mexicanos.

Hay que recordar que en México existen actualmente 62 pueblos y comunidades indígenas, con una población de 13 millones de personas que representan al 12% de todos los mexicanos. La mayoría de los núcleos indígenas se concentran en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, los Estados más pobres y con los índices de desarrollo humano y social más bajos de todo el país.

Yo he visitado los pueblos indígenas de la zona de Chiapas, que viven en una zona geográfica que aglutina una de las riquezas culturales y artísticas más fascinantes del mundo, y creo que es urgente que estos pueblos coloquen sus ricas tradiciones culturales y religiosas en el lugar que les corresponde y pienso que no deben dejar que éstas se conviertan en el eje sobre el que gira su existencia colectiva. Como señala Eufrosina Cruz, el indigenismo actual debe emprender un proceso intenso e imprescindible de inmersión en el laicismo, la democracia y la modernidad para, de este modo, incrementar los niveles económicos y culturales de sus miembros.

Como no me cansaré de repetir en este blog, el relativismo cultural me parece una estupidez intelectual profundamente peligrosa y, por ello, creo que, efectivamente, valores básicos como la libertad de creencias, la igualdad entre hombres y mujeres y la tolerancia ideológica constituyen la base del progreso y de la dignidad de todos los seres humanos.

Eufrosina Cruz sabe que nadie va a hacer por los indígenas esta apuesta de futuro, y que habrán de ser ellos quienes se liberen de todo lo opresor que puede haber en sus creencias para evitar tantos desprecios, abandonos y manipulaciones como los que demasiado habitualmente sufren. Desde un punto de vista antropológico puede resultar muy interesante ver a indígenas rezando a una botella de Coca-Cola (tal y como yo lo he visto hacer en la Iglesia de San Juan de Chamula -Chiapas-) o puede resultar muy folclórico tener que acercarse a los caciques de los usos y costumbres para pedir permiso para visitar un determinado pueblo, tal y como ocurre en muchas comunidades indígenas, pero este tipo de comportamientos infames, que incluyen un desprecio absoluta hacia la mujer, no contribuyen de ninguna manera al desarrollo de estos pueblos y de sus ciudadanos. Por cierto, ¿qué tiene que decir el subcomandante Marcos, tan admirado en estas regiones, de todo esto?.


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