lunes, 18 de febrero de 2008

Para que más vivan mejor, todos debemos vivir un poco peor


En un reciente artículo que ha publicado en el diario "El País", el analista Moisés Naím (en la fotografía) explica perfectamente lo que algunas veces ya hemos comentado en este blog: el aumento incesante del nivel de riqueza y de las clases medias en diferentes países emergentes del mundo, China, India, Rusia, Brasil, Sudáfrica, entre otros, está provocando un incremento proporcional del precio de los recursos básicos que conforman nuestro bienestar. Además, si tal y como está previsto, en el año 2020 el 53% de la población mundial estará encuadrada en la clase media resulta fácil imaginar los problemas medioambientales y de sostenibilidad que esto va a ocasionar.

Indudablemente, hay que felicitarse de estos avances del ser humano, especialmente cuando buena parte de este crecimiento económico va a afectar a buena parte del continente africano, pero esto no debe hacernos olvidar algo que Moisés Naím expresa con claridad meridiana en el artículo que comentamos: "(...) Estos éxitos de la humanidad no serán gratis. Y los síntomas del aumento de la clase media mundial ya los estamos sintiendo. Usted, por ejemplo, está pagando más por la comida. Y no solo usted. En enero, 10.000 personas salieron a protestar en las calles de Yakarta el aumento de los precios de la soja. Los milaneses hicieron lo mismo por los altos precios de la pasta. La semana pasada en Jedá, Arabia Saudí, faltó el pan, ya que el trigo se hizo prohibitivo. Los mexicanos marcharon en protesta del precio de las tortillas de maíz (ver vídeo adjunto). En Senegal las protestas callejeras fueron por los altos precios del arroz, y en India por la cebolla. Argentina, China, Egipto, Venezuela y Rusia intentan contener la irritación popular con controles de precios. El promedio de precios alimenticios compilado por The Economist llegó a su nivel más alto desde 1845. Leyó bien; desde 1845. En el 2007 el trigo y la soja subieron más del 80%; el arroz y el maíz, alcanzaron precios récord. Estos aumentos no se deben a que ahora hay menos comida (el mundo produjo más cereales en 2007 que nunca) sino porque algunos cereales están siendo usados como combustible y porque ahora hay más gente que puede comer tres veces al día. La nueva clase media no sólo consume más comida. También compra más ropa, refrigeradores, juguetes, medicinas, y eventualmente, autos y casas. China e India, con el 40% de la población mundial, ya consumen más de la mitad del carbón, el hierro y el acero del mundo. Así, desde 2005 el precio mundial del estaño, níquel y zinc se ha duplicado. La clase media también consume más energía. En 2005, China aumentó su capacidad de producción eléctrica tanto como toda la electricidad que produce Reino Unido en un año. En 2006, aumentó tanto como toda Francia. El petróleo llegó a 100 dólares por barril no debido a embargos o accidentes que limitaron la oferta, sino por el crecimiento del consumo. A la clase media le gusta viajar: se estima que los 846 millones de turistas que hoy viajan cada año llegarán a ser 1.600 millones en 2020."

Para que más vivan mejor, todos deberemos vivir un poco peor. Y esto significa que, definitivamente, las sociedad occidentales tendremos que asumir, entre otras cosas, que ha llegado el fin del tiempo de la comida barata, que la energía es un bien escaso y que esto supone racionalizar el uso del transporte privado, que el gasto desaforado e innecesario debe tener un coste más elevado y que va a ser necesario incrementar ostensiblemente los niveles individuales de esfuerzo y productividad para generar más riqueza que pueda ser más repartida.




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