miércoles, 2 de abril de 2008

La irracionalidad y el acientificismo atacan al gran acelerador del partículas del CERN



El pasado 21 de marzo, el norteamericano Walter L. Wagner y el español Luis Sancho dieron al mundo un ejemplo más de cómo la irracionalidad, la ignorancia y el acientificismo se hacen más fuertes, o al menos más estentóreos, cuanto más avanza el desarrollo tecnocientífico. Estos dos personajes, en mi opinión no poco ávidos también de cierta notoriedad, presentaron ese día una querella que trata de impedir, o al menos ratrasar, la conexión del LHC, el mayor acelerador colisionador de partículas jamás construido por el hombre, y desarrollado por el CERN, el mayor laboratorio de investigación en física de partículas a nivel mundial. (Ver vídeo adjunto)

La demanda fue interpuesta ante un tribunal de Honolulu, en Hawai, donde Walter L. Wagner tiene su residencia y afecta, además de al citado laboratorio europeo, al Departamento de Energía de los Estados Unidos, al laboratorio de física norteamericano Fermilab y a la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, estos últimos por facilitar en distinta medida los preparativos finales y la puesta a punto del LHC en un momento en el que, según los denunciantes, “la seguridad del acelerador no estaba aún garantizada”.

El gran acelerador de partículas que el CERN quiere poner en marcha el próximo verano es uno de los grandes retos tecnológicos de la humanidad, se trata de un proyecto multinacional y alrededor del mismo se concentra el trabajo de miles de científicos de todo el mundo, entre los que se encuentran varios premios Nobel. Solamente con herramientas de este tipo, que además, y aunque en tamaños inferiores, ya existen en divesos lugares del mundo, el ser humano estará en condiciones de determinar con exactitud cómo funciona nuestro mundo en su escala más pequeña y, como consecuencia de ello, estará en condiciones de poder conocer con certeza el material del que está hecho el universo. Todo esto, efectivamente, tiene poderosas connotaciones teóricas pero, además, estos campos de investigación generarán conocimientos a gran escala que posteriormente se aplicarán en la medicina, en la informática, en las telecomunicaciones, en el sector aeroespacial, etc.

A todo lo que el gran acelerador de partículas ofrecerá a la humanidad, Walter L. Wagner, un simple y fracasado estudiante de física, y Luis Sancho, un personaje que va por la vida diciendo que es un “investigador de la teoría del tiempo”, señalan que esta máquina puede ser capaz de generar “uno o múltiples agujeros negros microscópicos, alguno de los cuales, en lugar de evaporarse, como predice la teoría formulada por Stephen Hawking, alcance una estabilidad que le permita crecer hasta 'tragarse' al planeta entero”. Otros detractores del gran acelerador señalan que la puesta en marcha de esta máquina supondrá que “se generen monopolos magnéticos, unas partículas ‘exóticas’ que tendrían la capacidad de dejar ‘fuera de servicio’ a los núcleos atómicos ordinarios. O que los quarks generados en los experimentos se unan entre sí de forma diferente a la habitual, contagiando a toda la materia de la Tierra y convirtiéndola en materia extraña”.

En fin, también hay quien cree en ángeles, fantasmas, entes astrales y apariciones marianas. Albert Einstein lo dejó claramente expresado: “Solamente hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana... Y de lo primero no estoy seguro del todo”.







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