martes, 27 de mayo de 2008

Siria, cruce de civilizaciones y nuevo destino turístico

Siria acaba de abrir un proceso de diálogo con Israel y esta es una buena noticia no solamente porque, sin lugar a dudas, es un paso importante para pacificar la zona sino, sobre todo, porque quizás de este modo el país omeya comience a dejar de ser una de las bases de los grupos terroristas islamistas más violentos y radicales.

La mano tendida de Siria a Israel refuerza la idea de que este territorio quiere comenzar a abrirse al mundo, proceso al que no es ajeno el importante ímpetu turístico que este país árabe está demostrando, sobre todo como destino privilegiado para un turismo occidental de gama media y alta.

Yo visité Siria hace unos años y recuerdo este país magnífico como un escenario grandioso donde se reflejan muchas de las grandes y convulsas contradicciones que atacan actualmente a la mayor parte de los países árabes. Siria, cuna de civilizaciones, cruce de culturas y mestizaje perfecto de herencia latina y árabe, es una tierra fascinante en la que pueden admirarse las ruinas de Ugarit (paraíso arqueológico en el que se ha hallado la prueba de escritura más antigua del mundo) y las norias de Hama, pero en el que, sobre todo, hay que pasear por las calles viejas de Damasco, por la ciudadela y el zoco bullicioso de Aleppo, por la irreal Malula (en la que todavía se habla arameo) o por la ruta de los castillos (krak) construidos por los antiguos cruzados. Aunque, en mi opinión, la auténtica joya de Siria es la antigua ciudad romana de Palmira (Palmyra) (en la fotografía), imponente en sus ruinas deslumbrantes enclavadas en medio del desierto y rotunda cuando aún refleja toda la grandeza y el esplendor del antiguo imperio romano. La magia de Palmira, la obra de la reina Zenobia que desde 1980 es ya Patrimonio de la Humanidad, por sí sola sería suficiente para justificar un viaje a Siria, pero es que, además, este país cuenta con otras ciudades fascinantes como Homs o Bosra, (donde, al parecer, vivió sus primeros años el profeta Mahoma).

No hay que olvidar que Siria se halla en la intersección de África, Asia y Europa, y esta localización estratégica privilegiada ha convertido a este país milenario (en él se encuentran algunos de los asentamientos urbanos más antiguos del planeta) en punto de encuentro excepcional de caravanas, rutas de invasores, reyes y civilizaciones varias (romanos, persas, egipcios, turcos o babilonios) que han dejado su impronta en la región.

Ya hemos dicho que Siria es un país magnífico, pero, desgraciadamente, esto no debe hacernos olvidar la opresión política a la que el Partido Baa somete a sus ciudadanos, la fuerza que los integristas islámicos, agazapados y poderosos en las entrañas más hondas del tejido social del país, ejercen sobre los hombres, y especialmente sobre las mujeres, sirios. Tampoco olvido la carencia de libertades, la miseria, el abandono, la falta de higiene y la escasez en la que viven muchos ciudadanos de un país sorprendente que, entre el despotismo hereditario y el integrismo religioso, lucha por salir de una Edad Media paralizante, triste y desesperanzadora. ¿Lograrán el islamismo más cruel y fanático, los fantasmagóricos teócratas de largas barbas y espíritus violentos, acabar con la elegancia, la riqueza y la capacidad para producir belleza a través de la ciencia y el arte que hace muchos siglos ya caracterizó a este parte del mundo árabe?.

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