lunes, 9 de junio de 2008

October Road: el placer de las cosas sencillas

Es una serie sencilla, sin grandes pretensiones. Los exteriores son pocos y bien seleccionados; la música, una de sus puntos fuertes, es magnífica; los actores son más que correctos (incluyendo la interpretación del siempre grande Tom Berenger); y la historia, aunque no es nada original (alguien regresa a su localidad de origen tras varios años de ausencia) está tratada con la suficiente distancia y profundidad para que no resulte excesivamente aburrida o pedante, dos de los principales problemas que suelen tener este tipo de argumentos. Estoy hablando de “October Road”, una serie humilde que ha tenido un buen recibimiento en Estados Unidos (10 millones de espectadores) y que a este lado del Atlántico está pasando bastante desapercibida.

October Road tiene su gran fuerza en los personajes. Aunque algunos de ellos son demasiado prototípicos, todos cuentan con una consistencia y una solidez importante, lo que hace que resulten muy atractivos al espectador. El personaje principal, Nick Garret (interpretado por Bryan Greenberg), es un novelista de éxito que sufre un bloqueo creativo. Para intentar que éste desaparezca, vuelve a casa de su padre tras diez años de ausencia. Esta decisión complicará las cosas, ya que en su última obra de ficción, Garret había retratado no demasiado favorablemente a muchos de sus amigos, a sus vecinos e, incluso, a su ex-novia Hannah Daniels (Laura Prepon).

Lo decíamos al principio: October Road es una serie sencilla, pero merece ser tenida en cuenta porque en estos tiempos de náufragos perdidos en islas atemporales, de prisioneros nunca huídos del todo y de forenses inagotables, se agradece un tenue y plácido regreso a lo más simple.

www.gonzalez-zorrilla.com


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