martes, 26 de mayo de 2009

La lucidez de Antonio Muñoz Molina


Antonio Muñoz Molina, sin lugar a dudas uno de los mejores escritores españoles de las últimas décadas, escribía hace unos días un artículo en el diario “El País” titulado “Pitones de Birmania”. Me permito citar dos párrafos del mismo que me parecen excepcionales.

“...En los embarullados debates españoles sobre el porvenir del periodismo y la al parecer progresista gratuidad universal de los bienes culturales que propicia Internet tiende a olvidarse algo: la lentitud y la constancia del esfuerzo que requiere cualquier logro valioso; las horas, los días, los meses y años de trabajo, entregados siempre con una mezcla de obligación y devoción, por puro gusto de hacer algo que uno ama y también con la aspiración de ganarse dignamente la vida. Nada valioso ha surgido por casualidad ni por un juego de manos; todo lo que es más necesario, lo más elemental, lo que más damos por supuesto, lo que parece que nos viene dado con tal automatismo que ni le prestamos atención, es el resultado de un tesón que a veces ha venido prolongándose durante generaciones, pero que si se descuida se podría perder casi de un día para otro.”

“Estas ideas parecen tan vulgares que hasta da un poco de vergüenza enunciarlas. Hay un dicho inglés que las resume con un laconismo admirable, aunque también algo antipático: There is no free lunch. Aunque a veces pueda parecerlo, no hay almuerzo gratis. Todo cuesta, todo ha de pagarse de algún modo, ha de pagarlo alguien. La falta de respeto a los derechos de quien escribe, inventa, compone, interpreta cosas, es universal, pero en España yo creo que se acentúa más a causa de ciertas peculiaridades de nuestra democracia. La chusma política ha preferido halagar las formas más bajas de narcisismo en vez de la conciencia adulta de ciudadanía porque la demagogia es más rentable a corto plazo que la racionalidad. La educación, en vez de a alentar el desarrollo de las mejores capacidades de cada persona, ha consistido en boberío pedagógico mezclado con adoctrinamiento identitario. A un ignorante se le manipula con más comodidad que a una persona cultivada. En ninguna parte se ha explicado ni se explica que cada uno de los derechos que disfrutamos es una conquista que ha costado mucho y que es difícil y cara de sostener, y que puede igualmente perderse. Si se recibe algo, de algún modo hay que corresponder. Durante unos cuantos años hemos vivido en un delirio de gratuidad y de holganza que se sostenía sobre la pura nada, sobre los frutos de la especulación, el despilfarro clientelar de los sinvergüenzas de la política, pero aunque continúe por ahora la mascarada el despertar a la realidad ya está siendo muy amargo.”

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