martes, 15 de septiembre de 2009

Con la muerte de Willy Ronis desaparece el último gran fotógrafo del París de la posguerra

El París de hoy muy poco tiene que ver con la capital humillada y resistente que se levantaba torpemente en los años difíciles de la posguerra. Pero las imágenes que el fotógrafo Willy Ronis, fallecido recientemente a los 99 años de edad, captó de la capital francesa, especialmente en las décadas de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, han contribuido como pocas a levantar el mito de París como ciudad del amor, de la nostalgia, de la tristeza, de la esperanza y de la luz.
El París y la Europa en blanco y negro de Willy Ronis es un territorio traumatizado, esquivo, emocionalmente convulso y extrañamente atractivo. Hay una fuerza tan conmovedora en las imágenes de este magnífico artista que al espectador le resulta sentimentalmente imposible separarse de sus personajes anónimos, de sus paisajes urbanos, de sus mantos de lluvia, de sus asfaltos empapados, y de sus cafés afligidos, de sus mujeres hermosas y de sus inocentes escenas compuestas en medio de la desgracia.
Willy Ronis fue el primer fotógrafo francés en trabajar para la mítica revista norteamericana “Life”, y junto con coetáneos como Henri Cartier-Breson (1908-2004) o Robert Doisneau (1912-1994) fue el artífice de una forma de contemplar el mundo que aún hoy nos perturba por su capacidad para convertir el día a día, incluso la más dura, áspera y aséptica cotidianeidad, en un esperanzador canto a la vida.
Más allá de París, Ronis también demostró poseer una mirada especial para acercarse al espíritu de la región gala de la Provenza. Su esposa, Anne Marie, fue la modelo de su famosa foto de 1949, “Desnudo Provenzal”. La imagen, que muestra a la mujer lavándose en un lavabo con una jarra en el suelo y una ventana abierta desde la que el espectador puede ver el jardín, refleja a la perfección la habilidad de Willy Ronis para transmitir, con una sencilla toma, un cúmulo inmenso de mensajes y sentimientos.
Años más tarde, el fotógrafo también retrataría a Anne Marie, sentada sola en una sala del hospital, sufriendo el mal de Alzheimer.

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