lunes, 5 de octubre de 2009

The XX: Retromodernos, tecnomelancólicos e intensos

Acabo de descubrir una banda fantástica que no puedo más que compartir con todos ustedes. Son británicos, insultantemente jóvenes, libres, descarados y, realmente hacen, musicalmente, lo que les da la gana. Escucho ahora su primer disco, titulado “XX”, mientras escribo estas palabras. Y en su música hay notas de los primeros New Order de “Power, Corruption & Lies”, hay efluvios de Moby, hay guitarras elegantes, voces conmovedoras, hay notas postpunk y hay unos bajos que convierten los susurros en poesía. En The XX hay también, como no podía ser de otro modo, toques frívolos de hiperdub a lo Burial, voces suavemente descarnadas, ironía a raudales, silencios, muchos silencios, y, sobre todo, una concepción de cada canción como una pequeña obra de orfebrería.

The XX son dos chicos y dos chicas que coincidieron en el instituto cuando tenían 15 años. Ahora acaban de cumplir 20 y, al parecer, son tímidos hasta extremos enfermizos. Tanto que, en las escasas entrevistas que ofrecen, apenas articulan dos frases seguidas hablando para el cuello de sus camisetas. Negras, por supuesto (las camisetas). Da lo mismo. Todo lo que tienen que decir lo dicen en su disco porque en sus melodías imaginamos ciudades multiculturales, guetos urbanos, desolación, voces del más allá, ruidos y neones, frío, lluvia y la soledad del caos. The XX son tecnomelancólicos, son retromodernos, suenan hermoso y recuerdan a Joy Division si pudiéramos sajar de este grupo la amargura y el tremendismo de Ian Curtis. Pregúntenme por el futuro de la música popular y les daré tres nombres: Burial, Calexico y The XX. Esta gente está tejiendo, en las sombras, en la oscuridad, en la frontera, la banda sonora del siglo XXI.





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