viernes, 27 de noviembre de 2009

Los portavoces del totalitarismo

Editorial CGD Comunicación Global Digital. El adoctrinamiento nacionalista catalán, intenso pero sutil, persistente pero discreto, eficaz pero silencioso y, sobre todo, ambicioso antes que apresurado, consiguió ayer uno de sus más brillantes éxitos al convertir a más de una veintena de los principales medios de comunicación de esta región española en portavoces orgullosamente sumisos y obedientes del catalanismo más asilvestrado, fanático, ignorante, elitista y adinerado que hemos visto en las últimas décadas.

Que doce periódicos consensúen una página editorial amenazando al Tribunal Constitucional y defendiendo un proyecto legislativo disgregador, impositivo, delirante, vacuo y oportunista como el nuevo Estatuto catalán, es una escandalosa y vergonzante sumisión al pensamiento único implantado desde la Generalitat, pero es también, y sobre todo, un ejemplo modélico de cómo en la actualidad algunos de los principales diarios españoles se han convertido en un puñado de vulgares bufones al servicio del poder dominante en cada momento. De hecho, horas antes de que el editorial amenazante de los catalanes ultranacionalistas se hubiera hecho público, el Gobierno en pleno de José Montilla ya lo había leído y, sin lugar a dudas, había dado, como no podía ser de otro modo, el visto bueno para su publicación.

Este gesto informativamente obsceno de periódicos como “La Vanguardia” o “El Periódico de Catalunya”, entre otros muchos, vuelve a poner de manifiesto hasta qué punto demasiados periodistas, escritores e intelectuales padecen una constante y ominosa tendencia a defender, justificar, proteger, amparar y apoyar a las elites sociales más reaccionarias, integristas, fanáticas y ultramontanas, especialmente, claro está, cuando éstas mantienen el poder en sus respectivos ámbitos de influencia. Durante décadas hemos padecido este fenómeno cruel en el País Vasco, ahora lo observamos claramente en Cataluña y durante la dictadura lo contemplamos en el resto del país, produciéndose un fenómeno escandaloso e indecente: periodistas, intelectuales, empresarios de la comunicación y editores que medraron, y mucho, bajo el régimen franquista son los mismos que hoy ponen sus medios de comunicación al servicio de la causa independentista de los catalanes más mostrencos y montaraces.

Por si su gesto fuera poco cerril y escabroso, estos periódicos catalanes dirigidos por un puñado de insolentes orgullosos de lamer las migajas de quienes aseguran sus sueldos, se permiten el lujo de amenazar y amedrentar a los instituciones democráticas (¿“si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable”?) y lo hacen, además, partiendo de un presupuesto falso y mendaz que los fascistas de todo tiempo y lugar han utilizado recurrentemente: hablar como si lo hicieran en nombre de toda la sociedad, cuando solamente lo hacen en representación de sí mismos y de los intereses económicos y financieros de sus amigos, de sus dueños y de sus mecenas. De verdad, mejor harían esta quincalla editorialista en intentar amedrentar, intimidar o apocar a quienes en su tierra, un día sí y otro también, impiden la libertad de expresión de miles de ciudadanos, especialmente cuando éstos desean hablar en castellano.

Con su aullido editorial, los medios de comunicación catalanes que ayer participaron en este ignominiosa e insultante campaña mediática al servicio de espurios intereses, y quienes no lo hicieron porque no les invitaron, pero que demasiado satisfechos hubieran participado de la misma orgía comunicacional, han puesto de manifiesto hasta dónde alcanza la basura moral que inunda las redacciones y los despachos de algunos de los principales medios de comunicación. La entrega de éstos al poder, su connivencia con los partidos políticos más fétidos que hay en Europa, su vasallaje al pesebre económico, su pobreza intelectual, su indigencia ética y su apatía y galbana para defender nuestro ordenamiento institucional, para convertirse en portavoces de la libertad de todos los ciudadanos, para oponerse al discurso dominante, fundamentalmente cuando éste es antiliberal y antidemocrático, y para decir, simplemente, que no a la sinrazón y el delirio soberanista de un puñado de descerebrados con botón de mando, es, simplemente, escandalosa, preocupante y aterradora.

Los
periódicos atraviesan, quizás, uno de los peores momentos de su historia por causas estructurales que afectan directamente a la concepción, elaboración y difusión de un producto prototípico del siglo XIX. Pero a esta situación dramática que en los últimos meses ha puesto fin a decenas de cabeceras y que ha eliminado miles de puestos de trabajo periodísticos, los periódicos españoles, en su mayor parte, añaden la vergüenza de haberse convertido en idiotas útiles y en voceros arrastrados de unas élites corruptas, ignaras y groseras que solamente trabajan para perpetuarse a sí misma, y para amamantar a los suyos, en un proceso circular y permanente que se repite hasta la náusea.

Hoy más que nunca, triste y desgraciadamente, cobra sentido la frase tantas veces dicha: “No le digas a mi madre que soy periodista, prefiero que siga pensando que soy pianista en un burdel”.

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