martes, 15 de diciembre de 2009

25 años de mi primer artículo



Hace 25 años que escribí mi primer artículo, que se tituló "Algo está pasando" (Para leer el texto, clicar en la imagen). Fue el 12 de diciembre de 1984, en “La Gaceta del Norte” de Bilbao, un periódico para mí entrañable y ya desaparecido cuya sección de textos de opinión estaba dirigida, por aquel entonces, por el inolvidable Luciano Rincón. Hoy todavía recuerdo sus palabras pronunciadas con aquel vozarrón suyo, grave, denso y, al mismo tiempo, extrañamente amable. “Un buen artículo el suyo, tiene pulso, a pesar de que usted es muy joven. ¿Cuántos años tiene?”. Le dije que tenía veintitrés, aunque aún no había cumplido los 20. “Siga así, joven, siga así”.
Y hasta hoy, un cuarto de siglo después.

En este tiempo, todo ha cambiado, y radicalmente, a nuestro alrededor. Ha desaparecido la guerra fría, ha caído el Muro de Berlín, se ha desmantelado la antigua Unión Soviética, ha quebrado el comunismo como ideología referencial que fue para una buena parte del mundo, se ha demolido el “apartheid” en Sudáfrica e, incluso, un hombre negro ha llegado a la Casa Blanca apoyándose en un sueño y en un puñado de discursos perfectos construidos a la medida de los seres humanos del siglo XXI.

A lo largo de estas últimas décadas se han modificado radicalmente, y con una celeridad sin precedentes en cualquier otro momento de la historia, las tendencias ideológicas, los usos sociales, las corrientes culturales e, incluso, los equilibrios religiosos. De hecho, tres Papas han pasado por el trono de San Pedro, el islamismo más extremista se ha convertido en yugo para millones de fieles en todo el globo y creencias espirituales como el creacionismo o la cienciología, que nacieron de los delirios más oscuros de un puñado de excéntricos ignorantes, mueven hoy ríos de voluntades y millones de dólares a lo largo y ancho de la tierra.

Quienes recordamos con nitidez cómo era el planeta en la década de los ochenta del pasado siglo somos extremadamente conscientes de que al calor de unos medios de comunicación agigantados hasta la extenuación y arrastrado por la explosión de Internet y las nuevas tecnologías de la información, el mundo de hoy, en el que incluso el capitalismo parece haber implosionado, poco o nada tiene que ver con el de ayer. La realidad global en la que vivimos y que nos moldea como seres humanos se ha adaptado al nuevo crepitar de los tiempos, se ha hecho otra y se prepara para afrontar, de un modo u otro, las esperanzas, los temores, los retos y los desafíos del siglo XXI.

Pero la escritura, como profesión, como deseo, como necesidad, sigue siendo la misma. Independientemente del medio y del soporte, el acto de comunicar, de contar algo a los demás, de opinar y de narrar, es algo que está por encima del tiempo, que nos conecta con los anhelos más antiguos de los seres humanos y que, sin lugar a dudas, también nos une con los hombres y mujeres del mañana. Escribir, como el amor, el odio, la esperanza, la justicia o la redención, es un acto profundamente personal y tan privativo de nuestra especie como el pensamiento científico o la pulsión estética. Y así lo será siempre.

Por lo demás, veinticinco años después, me sigue entusiasmando el arte y la cultura que generan las ciudades y creo que la civilidad y la convivencia pacífica de numerosos seres humanos en un espacio geográfico reducido es algo directamente ligado al nacimiento de los espacios urbanos. Me interesa todo lo que rodea a la necesaria defensa de las instituciones democráticas y me preocupa, y odio, todo lo mucho que pone nuestras libertades en peligro: el terrorismo, los fundamentalismos religiosos y los totalitarismos políticos.

Me gustan los hoteles, los cafés, las avenidas cargadas de neones, la lluvia, el mar, los museos, los periódicos, las tierras de Castilla, las librerías y el olor de las estaciones de metro. También me gusta la tecnología, el champán, las calles al amanecer, los puertos al atardecer y la música de Burial. Y viviría muy mal sin literatura, sin viajes, sin cine, sin series de televisión, sin ciencia y sin ciencia-ficción.

Lo que he aprendido en todo este tiempo: que hay un puñado de personas a las que quiero, que los lugares se parecen demasiado a los hombres y mujeres que los habitan, que la cultura es todo aquello que nos hace mejores, que la libertad hay que defenderla todos los días y que muy pocas cosas merecen la pena si no se necesita hacer un esfuerzo para conseguirlas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...