martes, 31 de agosto de 2010

Jamás leímos que el Capitán Trueno luchara por la "libertad de los pueblos"


El Capitán Trueno es, sin duda, el gran héroe del cómic español y uno de los personajes de ficción que, a lo largo de las últimas décadas, más ha influido en la cultura popular de este país.

Las primeras viñetas de esta excepcional narración literaria comenzaron a ser escritas por Víctor Mora y dibujadas por Ambrós en 1956 y, desde los primeros tebeos (que así se llamaban entonces), el Capitán Trueno reveló claramente sus objetivos en las infinitas luchas que una y otra vez libraba por medio mundo: proteger a España y defender el cristianismo de los ataques del Islam. (Clicar en las fotografías para aumentar las imágenes)

Se empieza por afirmar que el Capitán Trueno batalla por la “libertad de los pueblos” y se acaba proyectando en los cines a un caballero medieval convertido en un activista ignorante y fanatizado que lucha por “la alianza de las civilizaciones”

Ciertamente, estos grandes fines por los que tanto peleó el Capitán Trueno enmascaraban para la censura de la época los principales argumentos temáticos que, semana tras semana, incansablemente, recorrían el Capitán y su eterna prometida Sigrid, reina de Thule, junto a sus amigos Goliath y Crispín: la reivindicación de la justicia, la protección de los débiles, la salvaguardia de los buenos gobernantes, la denuncia de la irracionalidad, el combate contra los tiranos, la defensa de los oprimidos y, sobre todo, la reivindicación incansable de la igualdad entre los seres humanos.

Ahora, y tras muchos intentos fallidos, el inolvidable Capitán va a dar el salto a la gran pantalla para convertirse en el gran héroe cinematográfico español, algo que le corresponde por pleno derecho, aunque, todo hay que decirlo, las fuertes expectativas que existen sobre la película pueden transformarse rápidamente en grandes preocupaciones. No es para menos. Los protagonistas reconocen no tener demasiada idea de las andanzas gráficas del gran caballero de Castilla y afirman que lo que vamos a ver es a "un Trueno del año 2010," aunque lo más alarmante de todo es lo que hace unos días explicaba Antonio Hernández, director del film: “El Capitán Trueno representa a ese héroe español que lucha por la libertad de los pueblos”. Ahí es nada.

Y es que si por algo han peleado siempre el Capitán Trueno y sus amigos es por la libertad de todas y de cada una de las personas avasalladas que se han encontrado en su larguísimo periplo aventurero, empresa que, desde luego, nada tiene que ver con una reivindicación tan perversamente límpida, vacua, desmayada y acomodaticia como la que se esconde bajo el lema de “la libertad de los pueblos”. Porque el Capitán Trueno jamás fue políticamente correcto. Él defendía a su nación, apelaba a acabar con los “infieles”, no creía en esa mojigatería de que “todas las ideas” son iguales y jamás tembló a la hora de defender sus valores, clásicamente cristianos y occidentales, para más señas.

Tendremos que estar atentos: se empieza por afirmar, como quien no quiere la cosa, que el Capitán Trueno batallaba por la “libertad de los pueblos” y se acaba proyectando en los cines de medio mundo la figura de un caballero medieval convertido en un activista ignorante y fanatizado que lucha por “la paz mundial”, que trabaja por la “alianza de las civilizaciones”, que confraterniza con cualquier guerrillero desquiciado que se cruza en su camino, que saca la espada cada vez que ve una bandera norteamericana (salvando las incongruencias históricas) y que combate fieramente contra… el cambio climático. Y, por cierto, olvídense del inmortal alarido de lucha del Capitán: “Santiago y cierra España”. El laicismo por decreto y la bobería nacionalista exigían convertirlo en "Santi y cierra el Estado". Pero no quedaba demasiado bien en el guión.





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