viernes, 8 de abril de 2011

¿Sueñan los replicantes con una secuela de "Blade Runner"?

Durante los próximos meses vamos a escuchar hablar mucho de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), una película mítica para muchos de nosotros que, aunque en su estreno tuvo unos resultados comerciales más bien pobres, con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto, en una perfecta creación visual de referencia global, cuya influencia se ha dejado sentir en los campos más variados del arte, desde la pintura a la arquitectura, pasando por la publicidad, la televisión, el cómic o en una buena parte del cine que habría de venir después. Y es que la productora norteamericana Alcon Entertainment, en colaboración con Warner Brothers, ha adquirido los derechos para hacer secuelas o precuelas de una historia siempre presente que basaba una parte importante de su grandeza en los muchos cabos que dejaba sin atar. El mismo Ridley Scout, director también de películas inolvidables como “Alien” o “Los duelistas”, ha confirmado ya que dirigirá el nuevo proyecto.
Pero, ¿cuál es la magia de “Blade Runner”?. La película de Ridley Scott, protagonizada por un Harrison Ford con treinta años menos, y por unos inolvidables Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, Joanna Cassidy y Daryl Ana, está basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, de Phillip K. Dick, y es un relato de ciencia-ficción con intensos tintes de cine negro que transcurre en el año 2019 en Los Angeles, una megaurbe que según va transcurriendo la historia se confirma como una de las protagonistas fundamentales de la película.
La megaurbe
En la que sin duda es su gran obra para el cine, Scott nos presenta una megalópolis despedazada e inmensa, oscura, asolada por el ruido, sobrecargada de neones holográficos y permanentemente acogotada por una lluvia ácida que empapa todos los rincones. La geografía urbana en la que se desarrolla la película es un no-espacio, es un lugar diabólico desbordado y purulento donde los edificios más espectaculares del futuro se entremezclan con antiguas y bellísimas construcciones del pasado, como el edificio Bradbury angelino.
En este cosmos fantasmal que es “Blade Runner”, las multitudes visten una moda intemporal, los individuos que pululan por las calles, pertenecientes a decenas de razas diferentes, hablan un inglés-castellano-chino muy especial, los coches voladores se entrecruzan con rudimentarios transportes a caballo y los comerciantes callejeros analizan la calidad de sus productos con sofisticados sistemas informáticos. En este sobrecargado ambiente neogótico, el que más tarde sería también director de películas importantes como “Thelma y Louise” o “Gladiator”, esboza un cuadro de futuro demasiado parecido al presente que ya intuimos. Es “cine contemporáneo”, tal y como lo denominó el propio realizador. La megaurbe, la “Los Angeles” del mañana cercano que se retrata en “Blade Runner” es una ciudad vieja y decadente, pero es también una ciudad infinita coronada con las arquitecturas más espectaculares del mañana y con los desarrollos urbanísticos más innovadores. Caracterizada por la mezcolanza racial, la superpoblación, los problemas de transporte, el desmoronamiento de muchas construcciones y el caos callejero, la metrópoli de pesadilla que es la esencia de “Blade Runner” es un ámbito fluctuante y sin límites, siempre barrido por sombras y contraluces, y siempre desbordado por el contraste atroz entre la pobreza más absoluta y la riqueza más obscena.
La historia
Corre el año 2019 y en las megaciudades de la Tierra solamente viven ciudadanos sin poder adquisitivo para habitar en las colonias del espacio exterior. La vida biológica se ha degradado por un medio ambiente purulento. Biotecnólogos y genetistas han creado hombres y mujeres artificiales (replicantes), físicamente modélicos e intelectualmente supremos, dedicados a la realización de los trabajos más duros más allá de las estrellas. Temerosos de su poder, los científicos les han proporcionado solamente cuatro años de vida. A partir de este tiempo, los complejos desarrollos biotecnológicos de estas criaturas se degradan y estas “personas artificiales” mueren. En estas circunstancias, cuatro replicantes, Batty (Rutger Hauer), Pris (Daryl Hannah), Zhora (Joanna Cassidy) y Leon (Brion James) vuelven a la Tierra para localizar a su creador e intentar que éste les alargue la vida. Para evitar un enfrentamiento entre el “padre” y sus criaturas se pondrán en marcha el detective Deckard (Harrison Ford), apático y cínico, encargado de “retirar” a tan molestos seres. La persecución constituye el hilo argumental del film.
Para quienes no hayan visto la película, podríamos decir que la historia que cuenta “Blade Runner” es la de alguien que busca sus recuerdos originarios y se niega a morir en un mundo tan asfixiante y decadente como fascinante y seductor. Esta podría ser la sipnosis de una creación magnética y fascinante que, como todas las obras de arte con mayúsculas, desborda la intencionalidad de sus propios creadores. “Blade Runner” es el futuro, ¿el presente?, más creíble y brutal que el cine nos ha legado y ahí radica su majestuosidad, su dramatismo y su encanto. “Blade Runner” es un dibujo de nuestro mundo actual levemente tocado por las manos diestras de un caricaturista experto.

Información complementaria: "Blade Runner"; Una banda sonora devastadoramente hermosa

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