viernes, 17 de junio de 2011

Vancouver o la banalización de la violencia

Un encuentro deportivo en Vancouver (Canadá) finaliza en una bacanal de violencia espectacularizada, frívola y banal. Fíjense bien en las imágenes que mostramos al final y entenderán cómo desaparecidos los modelos éticos, inutilizados los arquetipos de organización política de la sociedad y cuestionados los marcos normativos por el mero hecho de serlo, se libera el terreno para la conformación de sociedades en las que las leyes apenas existen o poseen un grado mínimo de cumplimiento y, consecuentemente, se desbroza el camino para el surgimiento en los individuos que forman parte de estas comunidades de comportamientos indolentes con respecto al sufrimiento y al dolor de los demás.
La sensación de volatilidad de las leyes y de provisionalidad de los códigos más elementales de organización del comportamiento colectivo libera extensos espacios morales para que entre los ciudadanos se instaure un proceso de trivialización del terror que, en su estado más avanzado, no solamente termina por despreciar a la víctima por el simple hecho de serlo, sino que, además, otorga a los artífices del horror un grado mayor de visibilidad por la capacidad de éstos para espectacularizar, representar o teatralizar todas sus acciones criminales. Como señala el filósofo Jorge Lozano parafraseando a Jean Baudrillard, “si a las masas se les da mensaje, no quieren sino signos. Se les da información y quieren espectáculo. Refutan todos los discursos articulados hacia una sola dimensión, ahí donde los signos pierden su sentido y se agotan en la fascinación: lo espectacular”.



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