martes, 10 de abril de 2012

Recordando a José Hierro, uno de los grandes poetas españoles del pasado siglo XX


Diez años después de su fallecimiento, José Hierro sigue siendo un poeta inolvidable para muchos lectores. En mi opinión, es, junto a Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, uno de los grandes maestros de la literatura lírica en español del pasado siglo XX. Como forma de homenaje a quien fuera maestro de tantos, reproduzco íntegramemte uno entrevista que mantuve con él pocos meses antes de su muerte.
“La poesía social fue una moda”
Nacido en Madrid en 1922, José Hierro es, actualmente, el más destacado de los poetas españoles. Poseedor de numerosos premios, entre los que destacan el Premio Príncipe de Asturias, el Premio Nacional de Literatura, el Premio Cervantes y, de nuevo y muy recientemente, otra vez el Premio Nacional de Literatura, Pepe Hierro inicia su andadura literaria en 1946, a través de sus colaboraciones en la revista "Proel".
En 1947 publica su primer libro, "Tierra sin nosotros", y su segundo trabajo, "Alegría", es galardonado con el Premio Adonais. Radicado en Santander, en la capital cántabra, entre 1947 y 1952, desempeña diversos oficios como listero, tornero, conferenciante y profesor de la UIMP.
En 1949, José Hierro contrajo matrimonio con María de los Angeles Torres, con quien tendrá cuatro hijos. En 1952, el matrimonio se traslada definitivamente a Madrid y, a partir de 1960, Hierro comienza una larga carrera como escritor que, según la mayoría de los estudiosos, llega a su cúspide con el poemario "Cuadernos de Nueva York". José Hierro es también Doctor Honoris Causa por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo de Santander.
- Hablando de premios, ¿cómo lleva usted el hecho de ser últimamente tan galardonado?
- Todos los premios son dignos de tener en cuenta, lo que ocurre es que el Premio Cervantes y el Premio Nacional de Literatura, como son muy importantes, tienen mucho eco. Es por ello que parece que José Hierro está recibiendo premios constantemente.

- ¿Qué opina cuando se califican sus poemarios como "obra social"?
- Me parece una simplificación. Resulta obvio que parte de mi poesía puede considerarse como social, pero como este calificativo tiene unos límites tan amplios y tan difusos, nunca me he enterado exactamente de qué es lo que se quiere decir cuando se afirma que mi trabajo es comprometido. Es cierto que, en determinados momentos, mi obra se asienta sobre lo que me rodea, o que tiene ciertas connotaciones de protesta. Pero, de verdad, creo que esto no es todo, ni tan siquiera es lo más importante. La poesía social fue una moda y, por ello, en determinados momentos hubo muchas obras que quisieron encuadrarse dentro de ese movimiento. Por el contrario, cuando este término pasa de moda, como ocurre en la actualidad, mucha gente reniega del apelativo. En el fondo, toda esta necesidad de encuadrar las cosas hay que tomarla con cierta relatividad y sin darle más importancia de la que tiene.
- ¿Su obra nace de los que sufren la historia, como ha señalado algún crítico?
- Mis poemas están escritos desde el punto de vista de un ser que vive, que opina sobre lo que ocurre a su alrededor y que narra lo que pasa por el interior de sí mismo.
- ¿Cómo es su proceso creativo, hay en él más inspiración o más transpiración?
- Siempre hay que tener el chispazo inicial, una intuición que se barrunta y un algo que quieres decir, aunque al principio no sabes muy bien de qué manera hacerlo. Luego viene el momento del trabajo, de mucho trabajo, para que lo que es algo indefinible y difuso se convierta en palabra real. Esto último ya es una cuestión de procedimiento, de estructura y, sobre todo, de paciencia, de una gran paciencia.
"Pepe Hierro es una cabeza poderosa, donde brillan los ojos hondos e inocentes. Pepe Hierro es una energía en acción, una criatura terrestre siempre, que extrae la poesía de esa constante comunión con el mundo en que vive su persona". Así ha definido a este gran autor del siglo XX castellano el crítico Miguel García-Posada. Y es cierto, sobre todo, que José Hierro no tiene la imagen del poeta demasiado engolado ni embelesado con lo inane. Es un hombre forjado en los arrabales de la vida, uno de esos pocos gigantes que se pasean por la existencia construyendo enormidades con el silencio humilde de los que conocen los secretos de la creación artística. Y todo su ser transmite esa sensación de campechanía, de humildad y sencillez. Su escuela ha sido la calle, la prisión, los amigos, las tertulias, las buenas comidas de siempre y, sobre todo, una constante fidelidad a sí mismo y a los demás que, por ejemplo, hace que en cada recital en que participa se emocione como si fuera la primera vez que lee un poema. Los lectores, los estudiantes y los aficionados más jóvenes le valoran como a pocos y, fundamentalmente, han sido ellos lo que han conseguido que del "Cuaderno de Nueva York" se hayan vendido casi 25.000 ejemplares, con un total de ocho ediciones.
- Usted ha ejercido numerosos trabajos, en muchos casos muy alejados del mundo literario, ¿hay una voluntad explícita por no confundir la poesía con la actividad profesional?
- Sí, he trabajado en muchísimas cosas diferentes. De la poesía no se vive. Es bueno que te galardonen mucho y que te otorguen premios y honores, pero, en el fondo, yo no trabajo para ello. Nunca he vivido de la literatura, sino que he vivido para la poesía.
- ¿Qué es la literatura para José Hierro?
- A lo largo de los siglos, se han intentado muchas definiciones para precisar qué es la literatura, pero, en mi caso, lo único que me resulta válido es preguntarme para qué me sirve personalmente la poesía. Para mí, la poesía es el instrumento con el que digo lo que no se puede decir, es una herramienta extraordinaria para captar lo inefable. No se trata, simplemente, de utilizar la poesía para decir algo, sino que ese algo hay que decirlo de una forma persuasiva, que ayude a compartir y a cautivar por medio de la palabra.
- ¿Le tienta la narrativa?
- La narrativa me ha tentado mucho y, por ello, he intentando trabajar este género literario en numerosas ocasiones. He de decir que siempre con muy escasa fortuna.
- ¿Qué autores han influido más en su trayectoria poética?
- Han sido muchos los autores que me han influido. En general, todos a los que he leído. Pero, de una forma más directa, posiblemente sean Ruben Darío, Juan Ramón Jiménez y Gerardo Diego quienes me han marcado con más hondura. Ellos han dejado huella en mi trabajo, no sólo como poetas, sino también como maestros que me han ayudado a trabajar los aspectos técnicos y de construcción de los poemas, asunto muy complicado en algunas ocasiones.

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