viernes, 29 de junio de 2012

“Blade Runner”. El 30 aniversario de la película que creó nuestro mundo

Durante los próximos meses vamos a escuchar hablar bastante de “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982), una película mítica para muchos de nosotros que, aunque en su estreno obtuvo unos resultados comerciales más bien pobres, con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto, en una perfecta creación visual de referencia global, cuya influencia se ha dejado sentir en los campos más variados del arte, desde la pintura a la arquitectura, pasando por la publicidad, la televisión, el cómic o en una buena parte del cine que habría de venir después.
Este año, “Blade Runner” cumple 30 años y para conmemorar este acontecimiento la productora Warner va a editar múltiples ediciones especiales del film, al mismo tiempo que Ridley Scott, director de la película, prepara ya una secuela de la misma de la que, por el momento, no se tiene demasiada información.
La película de Ridley Scott, director también de otros largometrajes magníficos como “Alien, el VIII pasajero” o “Los duelistas”, está protagonizada por Harrison Ford, con treinta años menos, y por unos inolvidables Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, Joanna Cassidy y Daryl Hannah. La historia, basada en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, de Phillip K. Dick, es un relato de ciencia-ficción con intensos tintes de cine negro que transcurre en el año 2019 en Los Angeles, una megaurbe que según va transcurriendo la historia se confirma como una de las protagonistas fundamentales de la película.
En la que sin duda es su gran obra para el cine, Scott nos presenta una megalópolis despedazada e inmensa, oscura, asolada por el ruido, sobrecargada de neones holográficos y permanentemente acogotada por una lluvia ácida que lo empapa absolutamente todo. La geografía urbana en la que se desarrolla la película es un no-espacio, es un lugar diabólico desbordado y purulento donde los edificios más espectaculares del futuro se entremezclan con antiguas y bellísimas construcciones del pasado, como el edificio Bradbury angelino.
En el cosmos fantasmal que es “Blade Runner”, las multitudes visten una moda intemporal, los individuos que pululan por las calles, pertenecientes a cientos de razas diferentes, hablan un inglés-castellano-chino muy especial, los coches voladores se entrecruzan con rudimentarios transportes a caballo y los comerciantes callejeros analizan la calidad de sus productos con sofisticados sistemas informáticos. En este sobrecargado ambiente neogótico, el que más tarde sería también director de películas también importantes como “Thelma y Louise” o “Gladiator”, esboza un cuadro de futuro demasiado parecido al presente que ya intuimos. Es “cine contemporáneo”, tal y como lo denominó el propio realizador.
La megaurbe, la “Los Angeles” del mañana cercano que se retrata en “Blade Runner” es una ciudad vieja y decadente, pero es también una ciudad infinita coronada con las arquitecturas más espectaculares del mañana y con los desarrollos urbanísticos más innovadores. Caracterizada por la mezcolanza racial, la superpoblación, los problemas de transporte, el desmoronamiento de muchas construcciones y el caos callejero, la metrópoli de pesadilla que es la esencia de “Blade Runner” es un ámbito fluctuante y sin límites, siempre barrido por sombras y contraluces, y siempre desbordado por el contraste atroz entre la pobreza más absoluta y la riqueza más obscena.
Una historia apabullante
Corre el año 2019 y en las megaciudades de la Tierra solamente viven ciudadanos sin poder adquisitivo para habitar en las colonias del espacio exterior. La vida biológica se ha degradado por un medio ambiente purulento. Biotecnólogos y genetistas han creado hombres y mujeres artificiales (replicantes), físicamente modélicos e intelectualmente supremos, dedicados a la realización de los trabajos más duros más allá de las estrellas. Temerosos de su poder, los científicos les han proporcionado solamente cuatro años de vida. A partir de este tiempo, los complejos desarrollos biotecnológicos de estas criaturas se degradan y estas “personas artificiales” mueren.
En estas circunstancias, cuatro replicantes, Batty (Rutger Hauer), Pris (Daryl Hannah), Zhora (Joanna Cassidy) y Leon (Brion James) vuelven a la Tierra para localizar a su creador e intentar que éste les alargue la vida. Para evitar un enfrentamiento dramático entre el “padre” y sus criaturas se pondrá en marcha el detective Deckard (Harrison Ford), apático y cínico, encargado de “retirar” a tan molestos seres. La persecución constituye el hilo argumental del film.
Para quienes no hayan visto el film, podríamos decir que la historia que cuenta “Blade Runner” es la de alguien que busca sus recuerdos originarios y se niega a morir en un mundo tan asfixiante y decadente como fascinante y seductor. Esta podría ser la sipnosis de una película que, como todas las obras de arte con mayúsculas, desborda la intencionalidad de sus propios creadores. “Blade Runner” es el futuro, ¿el presente?, más creíble y brutal que el cine nos ha legado y ahí radica su majestuosidad, su dramatismo y su encanto. “Blade Runner” es un dibujo de nuestro mundo actual levemente deformado por las manos diestras de un caricaturista experto.
Apenas faltan siete años para que la Tierra alcance esa fecha del 2019 en el que transcurre “Blade Runner”, pero si nos fijamos con atención, las mayores megaurbes del mundo tienden a parecerse al “Los Angeles” del film de Ridley Scott, y, además, nuestras sociedades occidentales se encaminan indefectiblemente por los tan seductores como terroríficos derroteros, políticos, sociales, económicos, culturales y científico-tecnológicos que se insinúan en la película.
Una novela tormentosa
“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, la novela sobre la que se levanta “Blade Runner”, es un relato singular, frío como el acero y sorprendente como una tormenta inesperada, que arrastra al lector mucho más allá de los límites de la pura ciencia-ficción. El autor de la misma, Philip K. Dick (Chicago, 1928 - Santa Ana, 1982) fue, sin duda, un escritor extraordinario y una persona atormentada, atacada por diversos grados de paranoia y entregada al consumo compulsivo de fármacos. Pero, sobre todo, el también padre de obras magistrales como “Ubik”, “El hombre en el castillo” o “Podemos recordarlo por usted al por mayor” (relato corto en el que está basada la película “Desafío total”) fue un narrador visionario, desconcertante y poco reconocido en vida que, en sus centenares de novelas, relatos, ensayos, artículos y diarios, reflexionó sobre los más variados temas pero, especialmente, sobre todas aquellas cuestiones que atañen directamente al estudio y el reconocimiento de la conciencia humana. En este sentido, el quién soy yo o el quiénes somos nosotros son interrogantes típicos de Dick sobre los que este creador sin igual, alabado en su época por autores de la talla de Stanislaw Lem o Robert H. Heinlein, profundiza en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Aunque, en el fondo, la esencia de la novela tiene muy poco que ver con la película celebérrima protagonizada por Harrison Ford (Ridley Scott siempre quiso hacer una interpretación de la historia de Dick, más que una adaptación de la misma), el lector encontrará en el libro no pocos rasgos de simililud entre el Deckard de “¿Sueñan los androides...?” y el Deckard de “Blade Runner”.
Una banda sonora devastadoramente hermosa
Con motivo del 25 aniversario de “Blade Runner”, que se celebró en 2007, se editó una nueva edición de la música excepcional que Vangelis compuso para el film. Y, aunque parezca increíble, escuchar este triple cedé en toda su complejidad es volver a encontrarse con una obra maestra que es, con diferencia, lo mejor que ha compuesto el creador griego pero que es también, sin lugar a dudas, una de las mejores partituras que se han escrito nunca para una película.
La banda sonora, en esta edición definitiva, incluye nuevos efectos, canciones tal y como se grabaron inicialmente y melodías que no se habían editado con anterioridad. Pero lo mejor de todo es que, escuchadas ahora, un cuarto de siglo después de que fuera concebida, las notas inspiradas por “Blade Runner” vuelven a provocar la misma sensación de desmoronamiento, de soledad, de ruinosa belleza, de futuro incierto y, a pesar de todo, de melancólico optimismo, que siempre han despertado en muchísimas personas. Escuchando detenidamente la música de “Blade Runner”, resulta fácil comprender lo que sobre la misma opinó Rutger Hauer, el inolvidable replicante que moría pronunciando aquellas palabras hipnóticas y ya míticas de “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais...”: La música de “Blade Runner”, decía Hauer, “es devastadoramente hermosa, pero también es otras muchas cosas. Es pegadiza, ominosa, evocadora, triste. Vangelis hizo un trabajo extraordinario; su partitura se convirtió en un protagonista más del film”.

Viaja al Los Ángeles de Blade Runner con el Blog de Raúl González Zorrilla y Expedia
Consulta nuestros precios especiales





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...