jueves, 12 de julio de 2012

España, entre el siglo XIX y el XXI

Medidas del Gobierno. Clicar para leer

Las medidas de ajuste aprobadas por el Gobierno de Mariano Rajoy son todas ellas necesarias, pero claramente insuficientes, ya que no derriban las estructuras más anquilosadas, retrógradas y reaccionarias del entramado socio-económico español.
España, ahora apenas parcheada en sus múltiples males, algunos de ellos centenarios, se apresta a vivir el siglo XXI con un andamiaje institucional, con un bagaje normativo, con unos esquemas mentales y con unos marcos administrativos surgidos en su mayor parte en el siglo XIX. Este país debe adelgazar, ser más productivo, ser más eficiente, ser más flexible, ser más decidido, ser menos engorroso, ser menos pretencioso y, sobre todo, colectivamente, debe dejar de actuar como los hidalgos zánganos medievales para comenzar a pensar como los pequeños y activos burgueses de las grandes revoluciones industriales de la historia...
España en general, y el País Vasco en particular, tiene que abandonar urgente y definitivamente esa concepción malsana de la vida, tanto privada como pública, en la que se desprecia el sentido de la iniciativa, en la que todo se deja en manos del Estado, en la que los derechos siempre son colectivos y nunca individuales, en la que los deberes propios son entendidos permanentemente como imposiciones ajenas y en la que un día sí y otro también se apuesta por el lío, la chapuza, la improvisación, la majadería, el amiguismo y el enredo. Pura hidalguía emponzoñada.
La España del siglo XXI ha de ser más sólida, más compacta, más pequeña, más fuerte y más rápida. Mucho más rápida. Pero el Gobierno de Mariano Rajoy ha renunciado a reducir significativamente el número aberrante de entidades y cargos públicos inútiles, duplicados, triplicados o prescindibles que engordan diariamente en los múltiples abrevaderos del poder. Y, sobre todo, no se ha atrevido a enfrentarse y a cambiar radicalmente a una concepción desquiciada del Estado que, bajo la cúpula de una monarquía extravagante y de un Senado tan plurilingüe como oneroso y vacuo, alimenta una constelación tragicómica de autonomías ruinosas, televisiones locales peripatéticas, risibles embajadas regionales, diputaciones inservibles, juntas generales de traca barraca, parlamentos de todo tipo, direcciones, subdirecciones, secretarías, comisiones, delegaciones, misiones, cámaras, camarillas, ventanillas, agencias, antenas y oficinas prospectivas.
Al desistir de esta batalla, el Mariano Rajoy continúa apostando por el mismo país lento, soporífero, folclórico, desalentador y escasamente productivo de siempre, aunque ligeramente más delgado. Y lo hace, además, a sabiendas de que por cobardía política y por falta de empuje a la hora de tomar decisiones trascendentales, está perdiendo una nueva oportunidad, quizás la última, de situar a España en el mapa de los grandes países que liderarán el mundo en el siglo XXI.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...