sábado, 25 de abril de 2015

El único horror de Venecia

Regreso de Venecia con un mito caído.
Les confieso que siempre me ha gustado visitar bares y hoteles cargados de recuerdos de escritores, de artistas, de personas del mundo de la cultura. He disfrutado de locales de este tipo en diversas partes del mundo, de Lisboa a San Francisco, pasando por capitales como Madrid, París, Berlín, Londres, El Cairo, México o Nueva York, entre otras muchas. Nunca he visto nada igual a lo del Harry's Bar, que además de haber inventado el cóctel “Bellini”, tiene a gala haber sido sede preferida de figuras célebres como Ernest Hemingway, Arturo Toscanini, Charles Chaplin, Alfred Hitchcock, Truman Capote u Orson Welles.
Ninguno de ellos reconocería ahora el garito que abrió Giuseppe Cipriani en 1931. Hoy es un local sucio, insulso, ruidoso, sin espíritu y, desde luego, sin ningún tipo de recuerdo que lo relacione con ningún personaje histórico. Una vajilla de la peor taberna portuaria, una decoración de saldo, la peor comida que he probado en Italia y unos camareros que, como el pub, viven de los fantasmas de los autores de "El viejo y el mar" o “A sangre fría”.
He aquí algunos precios de este timo descarado y sin matices: un "Negroni" diluido y descolorido, 18,50 euros; una cerveza de supermercado de barrio, 16.50 euros; una mini-Coca-Cola, 10 euros. Y no se pierdan, en la fotografía adjunta, el "estilo" de la cuenta.
La "toilette", como gustan llamar en el Harry's Bar a los aseos, como para evitar si se puede. Escandalosa, por nefasta, la relación calidad-precio.
Probablemente, el único horror que existe en Venecia, que, por otro lado, continúa siendo una ciudad de auténtico ensueño.

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